Redacción Canal Abierto | El secretario de Articulación Federal del Ministerio de Seguridad de la Nación es, sin dudas, uno de los hombres mejor preparados en el país para la gestión de riesgo y la asistencia humanitaria. Fue titular de Cascos Blancos entre 2003 y 2013, y actuó en emergencias en casi todo el mundo: coordinó los equipos argentinos en El Salvador, Guatemala, el Líbano, Franja de Gaza, Irán, en Estados Unidos durante el huracán Katrina, en el terremoto de Haití de 2010, en el de Japón de 2011, entre muchos otros.

En la actualidad es uno de los hombres a cargo del operativo anti circulación ordenado por el presidente Alberto Fernández para disminuir el contagio del COVID-19, encabezado por el ministerio de Sabina Frederic.

Entre detenciones y autos incautados, ya son más de trece mil las personas a las que se les ha iniciado algún tipo de procedimiento judicial por violar las medidas de protección sanitaria.

En esta entrevista con Canal Abierto, Gabriel Fuks destaca la importancia de comenzar la asistencia por los sectores más humildes ya que “el virus no reconoce clases sociales pero sí es totalmente distinto como las clases sociales pueden enfrentar esta situación”. Además, asegura que durante la primera cuarentena se lograron los objetivos propuestos y que para la segunda etapa, inaugurada este domingo con la prolongación del aislamiento social, preventivo y obligatorio, “estamos en condiciones de hacer lo que hemos hecho, que casi el 95% de la población no este transitando”.

¿Cuál es el balance de la tarea realizada por las fuerzas de seguridad durante las primeras semanas de cuarentena y cuál es el plan hacia adelante?

– Se ha funcionado bien, se logró mantener una presencia de las fuerzas nacionales y una coordinación con las fuerzas provinciales importante, que permitió ir mejorando con el correr de los días algunas cosas que no empezaron funcionando bien en relación al tráfico, a la logística, como hacer circular mejor al personal de salud y de seguridad, esas cosas se fueron corrigiendo, pero hay mucha presencia y mucho esfuerzo no solo en cuanto a la población sino en garantizar el abastecimiento y que tuvo varias cuestiones a resolver, como garantizar conjuntamente con el ministerio de Transporte y con YPF que las estaciones estén abiertas en las rutas nacionales, que es muy importante para que los camiones puedan circular.

Para esta etapa seguir en la misma dirección, mejorar la coordinación con fuerzas de seguridad ahora que está más claro el cierre de fronteras, es importante colaborar en la apertura de bancos que se va a hacer parcialmente, etc.

Por su experiencia en situaciones límite, ¿hay algún suceso histórico que permita tomar aprendizajes para manejar la crisis que desató la pandemia?  

– Me tocó esta en Haití en distintas oportunidades, cuando cayó el gobierno de Aristide y fuimos a trabajar junto a Naciones Unidas. En el terremoto fue más complejo todavía, hubo médicos argentinos que se quedaron trabajando casi 40 días, y eso tenía una complejidad de logística, de comunicaciones, de abastecimiento, muy grande. Incluso, una situación que me quedo grabada fue la de Nueva Orleans (durante el huracán Kathrina) Estados Unidos no estaba preparado para una catástrofe de ese tipo, sobre todo en el sur más pobre del país, la sensación de grandes vacíos, de la gente aislada, tengo un recuerdo fuerte de eso, porque las zonas que se inundaron, que se destruyeron, hicieron que los sectores más humildes tuvieran que ser realojados fuera de sus hogares, entonces había barrios enteros vacíos y destruidos por el impacto del huracán y por la rotura y el agua que había entrado.

La emergencia tiene leyes propias, no es algo que se puede improvisar, hay una construcción de capacidades de respuesta, de optimización de recursos, de imponer acciones que pueden parecer incomprensibles pero que después  se van explicando, y en este caso -que es mucho más complejo por la globalidad del fenómeno, por la invisibilidad y por la falta de claridad sobre hasta cuándo y cómo puede extenderse, y se va midiendo día a día, aunque no deja de ser una emergencia-, las medidas son nuevas y distintas. El tratamiento que ha dado Argentina es diferente al que está dando Brasil, sin ir más lejos. Entonces uno ve que se toman decisiones que impactan en el resultado de la construcción de la resiliencia social, es decir como la sociedad va a sobrevivir y renacer y estar nuevamente en condiciones de retomar su vida cuando la emergencia pase, y ahí son muy importante las decisiones, entonces la experiencia que yo tengo me permite ver eso, siempre hay que tener en cuenta muchos factores, y lo principal es la vulnerabilidad, la cadena de las decisiones que uno toma debe empezar por el sector más vulnerable, donde más va a impactar cualquier tragedia. En este caso el virus no reconoce clases sociales, pero es totalmente distinto sí como las clases sociales pueden enfrentar esta situación. Un país que tiene un sistema público de salud es distinto a un país que no lo tiene, mi experiencia me sirve para tener estas visiones.

Las medidas que se tomaron en Argentina dieron resultados parciales positivos, en relación a las decisiones que se han tomado en otros países…

– Argentina tuvo a su favor la desgracia de otros. Las decisiones que se están tomando son acertadas, los resultados están diciendo eso, uno ve otros países donde las decisiones son erráticas, como la falta de distanciamiento social y de cuarentena que generó un mayor impacto, y el Presidente pudo ver a tiempo esa necesidad, porque otros países también tuvieron ese tiempo a su favor y tomaron otras decisiones. En ese punto estamos en un camino adecuado según los indicadores de la OMS y los expertos, aunque no se puede decir correcto porque son inmedibles las dimensiones que esto puede tomar, porque todavía está en pleno desarrollo.

¿El modelo en seguridad es de diseño propio o basado en otros sistemas?

– El modelo que estamos siguiendo en seguridad es en función de las decisiones políticas, de cierre de fronteras y aislamiento, con control territorial, control de rutas, de movimientos, de fuerte persecución de las violaciones a esas medidas, por supuesto sin violación de los derechos y las garantías individuales.

El Ministerio no solo está cortando calles y puentes, sino, entre otras cosas, Prefectura está tomando la temperatura a los barcos que están frente al puerto de Montevideo que tienen que venir para acá o entrar por el Paraná, la PSA en Ezeiza con tareas muy complicadas, el Ejército para asistencia alimentaria.

Se ha hablado de estado de sitio. ¿Es posible que se endurezcan las medidas de aislamiento?

– El Presidente ha decidido ir incrementando las medidas de seguridad sin necesidad de estado de sitio, y ese parece ser el tono que va a regir esta situación, no está en la agenda el estado de sitio. Tampoco está sobre la mesa la hipótesis de aislamiento total de una ciudad o una localidad, como sucedió en Wuhan (China).

¿Son optimistas?

– La palabra optimista es inconveniente cuando las situaciones pueden tener mayor nivel de gravedad, lo que creo es que las decisiones son acertadas, al final del camino veremos cuanto, pero hasta este momento y en relación a otros países, las decisiones han sido acertadas.

 

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