Redacción Canal Abierto | La erupción interminable de fake news sobre la supuesta suelta masiva de presos peligrosos con la excusa de prevenir la expansión del COVID-19, surtió efecto. En las últimas horas a Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires rechazó la resolución de la Cámara de Casación que había aceptado un habeas corpus colectivo para establecer criterios que permitan descomprimir las cárceles y evitar la rápida dispersión de la enfermedad.

La medida despertó preocupación y reclamos de organismos de derechos humanos como El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Comisión Provincial por la Memoria y, por supuesto, de familiares y personas detenidas.

En esa dirección, Diego Diéguez Ontiveros, conjuez designado por la Corte bonaerense para el Departamento de San Martín, que fuera colaborador del prestigioso criminólogo Elías Neumann, con quien fundó la Escuela de Victimología en los primeros años de la década del 90, advierte que “a nadie le interesa lo que ocurre ahí adentro, entonces hay un montón de cuestiones que van quedando relegadas y así tenemos verdaderas mazmorras medievales donde la gente se infecta”.

El reconocido penalista es, además, especialista en comunicación política, integrante del equipo de asesores jurídicos de Rafael Correa y miembro de la Asociación Americana de Juristas que está patrocinando una presentación ante la Corte Interamericana por presiones del gobierno de Cambiemos sobre jueces y juezas, que involucra a la magistrada Ana María Figueroa, quién en los últimos días dio datos reveladores sobre esa mecánica extorsiva que utilizó el macrismo para obtener fallos favorables, al igual que sus colegas Martina Forns y Luis Raffaghelli.

“Ahora creen que la Justicia está favoreciendo al kirchnerismo, pero ¿no será que no están tolerando más las infamias de los jueces de primer instancia, de los tipos como Bonadío?, inquiere.

¿Qué análisis le merece el rechazo de la Corte al amparo colectivo que recomendaba descomprimir las unidades penitenciarias?

– La cárcel es una decisión política, como lo resaltó Foucault en “Vigilar y castigar” y hay una constante, una realidad que es palmaria: a nadie le interesa lo que ocurre ahí adentro. En el imaginario colectivo tenemos una especie de vindicta pública, una pena de muerte a flor de labio que no queremos asumir, hablar de las cárceles es piantavotos, entonces hay un montón de cuestiones que van quedando relegadas y así tenemos verdaderas mazmorras medievales donde la gente se infecta de cikunguña, de dengue, un pabellón se infecta de conjuntivitis, imaginate en el caso del coronavirus.

Mientras eso siga existiendo, en el imaginario colectivo vamos a seguir queriendo las cárceles lejos de nuestro barrio, aisladas, como un depósito de personas, recitando las Constitución como loros, y creyendo el cuento de que ahí se puede resocializar a alguien.

¿La justicia actúo en línea con la campaña mediática contra las liberaciones y el gobierno?

– Es un claro ejemplo de lo que es una fake news, se generó una situación de pánico social a partir de la mentira de que estaban liberando asesinos, violadores, ladrones peligrosos, y la verdad es que eso surge de mentes temerarias e insensatas, no surge de una resolución de Casación ni de la Corte. Los medios concentrados conocen el sentimiento que despierta una cárcel. No vemos que hay un montón de personas -como las que se preveía en la sugerencia de este amparo-, que se encuentra en situaciones de salidas inminentes, con riesgo de salud marcado, por delitos leves.

A mí me parece grave que un delincuente condenado, con una sentencia alta, una sentencia firme, esté en la calle de manera anticipada, como me parece tan grave que esté un genocida suelto. Pero, ¿cuantas penas tiene la pena? La condenación al sufrimiento permanente, a morir de frío, hay realidades que no queremos ver y hay un gran responsable que es el Sistema Judicial.

La población carcelaria es un sector de la sociedad minúsculo, pero en el imaginario se instala que vamos a estar inseguros, ciertos influencers periodísticos crean miedos en la gente, como Jonatán Viale, o Eduardo Feinmann, vilipendiando los Tratados Internacionales, que desde la reforma del 94 están incorporados en el mismo rango constitucional, son superiores al Código Penal.

Mientras siguen los debates mediáticos y jurídicos el riesgo crece. ¿Cuál es la solución?

– Hay alternativas pero se necesita del Poder Ejecutivo, ya se empezaron construir bases sanitarias en algunos establecimientos penitenciarios, como forma inteligente de paliar estos males, porque el Ejecutivo advierte que es un problema y los jueves no van a hacer nada, lo que hace la Corte es  tirar para atrás el amparo. Las normas que rigen a la pandemia para reducir riesgos de contagio tienen que regir en las cárceles.

 

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La relación entre los medios concentrados, un sector de la justicia y algunos políticos parece no tener vergüenza…  

– Los medios de comunicación presionan y condicionan a los jueces,  la judicialización de la política necesita esta santísima trinidad nefasta: parte del Poder Ejecutivo, parte del Poder Judicial, y medios afines que reproduzcan, anticipen sentencias, generen prejuicios, tomen denuncias como verdades, etc. Los casos en Brasil, Ecuador y Argentina son calcados, parece que hubiéramos comprado una franquicia en Washington y cada uno lo va a adaptando a sus intereses. Todo esto no pudiera existir en una democracia si no fuera por la amplificación que hacen los medios de comunicación.

¿Qué valoración hace de la manera en la que el Gobierno está manejando la comunicación?

– Yo la veo muy bien, pude fallar en algunas cosas como en esto de las cárceles, o como cuando los jubilados salieron a los bancos por primera vez, se descuidó eso desde lo comunicacional, pero con los mismos elementos de anticipación que tenía el presidente Fernández, con el mismo conocimiento de lo que estaba sucediendo en Europa, otros países desatendieron completamente la situación. Lo importante es la política, la buena comunicación política es la que sabe traducir una buena gestión, porque si no termina siendo marketing, un producto como fueron Macri y Vidal, o Guaidó en Venezuela. El gobierno tiene algo que es un emblema de Alberto Fernández, que es la empatía, eso no ocurre en todos lados y por eso se ha transformado en un líder positivo de la región. Ha revalorizado al Estado desde la praxis.

¿Lo sorprendieron los testimonios que se conocieron en los últimos días de jueces que denunciaron públicamente haber sido extorsionados por el gobierno de Cambiemos?

Que el macrismo esté enojado con sus antiguos aliados es no haber comprendido nunca que el Poder Judicial es el más conservador, el más calculador y el que dispone de la libertad y del honor de las personas. Un Estado tiene dos facultades principales, disponer de tu patrimonio y disponer de tu libertad, que son las dos cuestiones esenciales de la vida de las personas. La Justicia se va moviendo por intereses políticos, aunque hay algo que ha manejado muy bien, que es mostrarse inocuos a la política, pero esto no es así.

Enojarse es no entender el juego nefasto que el macrismo logró con la Justicia. Entonces ahora creen que la Justicia está favoreciendo al kirchnerismo, pero ¿no será que no están tolerando las infamias de los jueces de primer instancia, de los tipos como Bonadío? Un día la Corte tendría que decir que es todo nulo en la “Causa de los cuadernos”, no tendría que llegar ni a instancia de juicio oral. No porque yo diga que no hay que investigar al poder político, hay que investigarlo pero sobre pruebas certeras. Cuando Marijuan hacia excavaciones en Santa Cruz, eso es el marketing de la política tribunalicia, y se sentaban en TN con Stornelli y Bonadío a contar esas aventuras.

 

Por Leo Vázquez (@LeoVaz2020)

Ilustración: Marcelo Spotti

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