Redacción Canal Abierto | “Nosotros estamos bancando todos los días. Caminamos los pasillos de la villa llueva o no. Hay cloacas desbordadas y caminamos igual. Cocinamos y llevamos la comida. Es muy triste que la ciudad más rica no asuma su responsabilidad hacia nosotros, sólo porque vivimos en un barrio vulnerable, en un barrio popular”.

Así relata Silvia Cano, militante del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), el trabajo que vecinos y organizaciones sociales realizan en la Villa 21-24 de Barracas, donde los casos, al igual que en los demás barrios populares, se multiplican día a día.

Más del 50% de los 650 nuevos contagios en las últimas horas fueron registrados en la Ciudad de Buenos Aires. Sólo en la Villa 31, los infectados llegan a los 1.225. “Esto ya lo veníamos diciendo. En la Villa 31 llegaron tarde, en la 1-11-14 llegaron tarde. Nosotros no queríamos que esto también pase en nuestro barrio, pero el Gobierno de la Ciudad llegó dos meses tarde con el protocolo y con los insumos de prevención”, señaló Cano.

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El Comité de Crisis de la 21-24 emitió varios comunicados en las últimas horas, exigiendo al jefe de Gobierno Porteños que retrotraiga las últimas medidas de flexibilización de la cuarentena. “En los barrios populares el aumento de casos no se detiene y la situación está fuera de control”, alertan.

Al comienzo de esta semana llegó el operativo DetectAr al barrio, pero el mal manejo de la situación trajo consigo situaciones que empeoraron un ya afectado panorama. Vecinos y vecinas debieron esperar todo el día para ser atendidos, conviviendo estrechamente y en el mismo espacio con personas con COVID-19 positivo.

El traslado y la llegada a hospitales tampoco mejoró. “Lo que pasa con los barrios populares es muestra de desidia y abandono”, sostienen desde el Comité de Emergencia  y la Junta Vecinal de la Villa 21/24 de Barracas, quienes denuncian con preocupación la crisis sanitaria y social que se vive allí. “En los barrios hay cuidados, hay organización y hay solidaridad. Falta el Estado que parece que nuevamente abandona a los más pobres a su suerte”, resaltó Flavia Romero, miembro del comité.

Por su parte, la vecina María del Carmen Alcaráz, agregó: “Sufrimos mucho la falta de elementos esenciales. Ese maltrato es lo más evidente. No están buscando la prevención de la enfermedad. Están haciendo toda una parodia, que se trabaja para el bien del barrio, pero las cosas esenciales las limitan. Eso nos hace pensar si realmente quieren salvar al barrio o lo quieren enfermar”.

Y los relatos de angustia no cesan. “Es una situación desbordante. Nosotros, los vecinos y vecinas, promotoras de salud, junto con las organizaciones sociales y ONGs, estamos haciendo todo el laburo que el Gobierno de la Ciudad tendría que haber hecho. Somos nosotros los que acompañamos, los que sabemos dónde están los casos. Hay mucho miedo del contagio, y en la Villa 21-24 es masivo. La mayoría de los que tuvo contacto con un caso ya están todos con fiebre”, sostuvo Silvia Cano.

Y como si el coronavirus no fuera suficiente, la falta de luz, agua y el desborde de cloacas dificulta mucho más las tareas de asistencia. “Si te vas a la salita o al hospital no te toman en serio. Esto vulnera el derecho de las personas. No por vivir en un barrio popular no tenemos derecho a la salud, al agua. Cuando esta pandemia empezó, el GCBA postergó totalmente la fumigación y tenemos muchos vecinos con dengue y en varios sectores no tienen agua. Es mucha la tristeza que sentimos. El Gobierno de la Ciudad nos abandonó, ni siquiera lo básico nos está dando. Sólo hizo ocho hisopados en un día. Ocho en una villa, la más grande de Capital. Parece que mezquinan los insumos y hay familias enteras contagiadas”, agregó la referente del FPDS.

La tarea de contener

A la ya caótica crisis sanitaria y la falta de urbanización histórica que atraviesa la villa, se suma el impacto social que causa la cuarentena. Familias sin recursos, changas suspendidas, alquileres que se vencen, son la otra cara de esta moneda.

Para suerte de los vecinos, la asistencia alimentaria se combina con el acompañamiento –si se quiere espiritual- de la iglesia. “Los curas vivimos en el barrio y nuestra pastoral tiene una presencia intensa. Todos los trabajos que realizamos comúnmente hoy los reconfiguramos en la asistencia a los vecinos contra la pandemia”, comentó el padre Lorenzo “Toto” de Vedia.

En este sentido, el párroco también resaltó: “El Gobierno, tanto el Nacional como el de la Ciudad, tiene los recursos. Nosotros, desde la parroquia y los vecinos, tenemos la presencia territorial. Se trata de articular todo esto, pero muchas veces el gobierno de la Ciudad llega tarde y tenemos que estar machacándole las cosas. Si bien hay una intención de diálogo, falta mucho para estar a la altura de las circunstancias”.

En un momento donde el coronavirus pega fuerte en estos sectores más vulnerables el trabajo de contención se hace aún más fuerte, y la mirada a futuro es determinante. “Detrás de todo esto hay personas, hay angustias e historias complejas. Es hora de tomar conciencia. Estas situaciones nos hacen dar cuenta de que el progreso individual y materialista personal sólo no alcanza. La salvación siempre es comunitaria”, finalizó el cura.

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