Redacción Canal Abierto | La provincia de Misiones es, sobre todo, frontera. Sólo 60 kilómetros de ancho la unen al resto de la Argentina y unos 800 con Brasil, el segundo país con más casos de contagio de COVID-19 del mundo (514.992).

A comienzos de la cuarentena, y con el cierre de fronteras decretado por el Gobierno nacional, el gobernador de Misiones denunció el ingreso de personas de Brasil al país. Hoy, con los ríos bajos, el riesgo aumenta. “La frontera con Brasil es un colador, el río Uruguay está muy bajo y se puede cruzar casi caminando”, declaró Oscar Herrera Ahuad esta semana.

“La gente que vive en Misiones tiene parientes en Brasil y Paraguay y todo el tiempo se cruzan. Si bien los cruces legales están totalmente controlados, es casi imposible vigilar los pasos ilegales. Controlar los ríos Paraná y Uruguay para que nadie transite de un lado a otro es un esfuerzo monstruoso de las fuerzas de seguridad”, explicó a Canal Abierto Raúl Aramendy, referente del SERPAJ en la provincia.

Actualmente, gendarmería esta apostada en un boulevard de 6 kilómetros, llamado la frontera internacional, separada entre 300 o 500 metros para controlar ese paso que divide en dos mitades a una misma ciudad.

Pero además, Argentina está dividida por Brasil principalmente por el río Uruguay, el Iguazú, que nace en el Paraná, el San Antonio y el río Pepirí Guazú, que en esta época del año son hilos de agua que se pueden cruzar a pie.

“Si bien somos de las provincias menos afectadas, Misiones es una zona altamente peligrosa. Es un lugar delicado y hay que tener muchísimo cuidado porque no hay un cierre hermético que podamos hacer”, aseveró Aramendy.

Y agregó: “Hay cruce de gente de Brasil. De su lado no hay cuidados ni controles, sólo se está dando del lado argentino. En Tres Pasos, una localidad importante del sur de Brasil y cercana a nuestra frontera, hay muchos casos de coronavirus”.

La situación sanitaria local

Hasta el momento, Misiones reportó 29 casos –con la mayoría de ellos recuperados- y un fallecido. Aún así, es una de las pocas provincias que sigue en cuarentena estricta. “Seguimos en cuarentena total. Pocas cosas son las que han reabierto. Lo que festejamos es el fuerte acatamiento a quedarse en casa. A diferencia de lo que vemos en Buenos Aires con las manifestaciones de unos cuantos, hay un apoyo total a la cuarentena y a las medidas tomadas para cuidarnos”, aseguró Aramendy.

Casualmente, el único muerto por Covid-19 que tuvo la provincia fue un camionero de 63 años que entró por la localidad de Bernardo de Irigoyen. Venía de San Pablo con un cargamento de frutas.

El gobierno provincial – que apoyó desde el inicio el decreto de la emergencia sanitaria y la extensión del aislamiento- reforzó aún más los controles en esa localidad. “También hay un trabajo muy fuerte de concientización. En la medida en que la gente entienda que una persona enferma que transite de un lugar a otro puede causar un desastre es más fácil controlar la situación”, finalizó el referente del SERPAJ.

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