Redacción Canal Abierto | Si se hace un repaso de medios y redes durante estos meses de aislamiento seguramente vas a encontrar cosas como la Barbie Cuarentena, rutinas de ejercicios fit al por mayor, dietas y consejos para que te vuelva a entrar el jean o alguna que otra maquinita para eliminar rollitos.

Si bien la gordofobia y el señalamiento sobre los cuerpos no son propios de esta pandemia, la reproducción de estos mensajes se ha convertido en un bombardeo de discursos que replican que engordar está mal y que hay que hacer algo al respecto.

Por suerte, del otro lado hay quienes siguen abogando por la ruptura de estereotipos y mandatos, cuyos mensajes están dirigidos a cuestionar el modelo hegemónico y patriarcal de belleza. Para ello, Canal Abierto dialogó con Lala Pasquinelli, creadora de Mujeres Que No Fueron Tapa, quien dio su mirada sobre lo que circula hoy y lo que consumimos en torno a esta problemática.

¿Cuál es el análisis que haces de lo que pasa hoy en redes y medios con la cuarentena y el foco en los cuerpos?

-Es algo que tiene décadas, pero lo que sí creo que está sucediendo en este momento es una especie de bombardeo de discursos que replican la gordofobia al decirte qué hacer o cómo hacer para no engordar tantos kilos o adelgazar lo que engordaste en la cuarentena. Que eso sea una nota en un medio masivo ya es bastante significativo porque ayuda en la construcción de que engordar está mal y hay que hacer algo.

Estamos en un contexto de angustia, de ansiedad porque no sabemos qué va a pasar con la pandemia, el miedo a morirnos, que se enfermen personas queridas, perder el trabajo, miedo a que no nos alcance la plata. Todo esto parece que no forma parte de la conversación hoy como si sólo fuéramos cuerpos y no importa lo que te esté pasando. Acá lo único que importa es que no engordes, y es un discurso nocivo por donde lo mires porque es poner el foco mucho más violentamente en la apariencia física. Todo nuestro contexto cambió, nuestra vida cambió y todo ese temor e incertidumbre obviamente que nos atraviesan.

Parecería que estamos consumiendo autoodio ¿no?

-Sí. No sólo tenemos que convivir con eso si no que además tenemos que autodisciplinarnos y reprimirnos no comiendo o sufriendo. Una de las cosas que vi circulando es que una forma de saber si estás bien o estás mal es ponerte el jean que usabas antes de la pandemia y si no te entra tenés que adelgazar. ¿Qué quiere decir eso? Es absurdo. Somos seres humanos, nuestros cuerpos van cambiando de forma. Ese no puede ser el punto de nuestra preocupación porque además no estamos hablando de salud en este caso, más allá de que es donde hace pie el discurso gordoodiante.

Me parece una violencia tremenda por parte de los medios y las redes. Hay una cosificación y es como si no fuésemos más que cuerpos, apariencias que tienen que encajar en un modelo hegemónico que se nos impone de afuera. Además, todas esas personas que te mandan a adelgazar o a ver si el jean te entra, todo el tiempo te están vendiendo la dieta que tenés que hacer, el batido que tenés que tomar, la vianda que tenés que comprar. Siempre atrás está el mercado.

Instagram parece ser el caldo de cultivo para la reproducción de estos mensajes. ¿Cuál es tu mirada sobre la cultura influencer de hoy?

-Me pregunto qué pasa cuando estas mismas personas que construyen este modelo exhibiendo sus cuerpos permanentemente, hablando de la apariencia como si fuera el único valor que tenemos como seres humanos y especialmente las mujeres. Además, ¿qué pasa cuando esos cuerpos que siempre nos han mostrado editados nos dicen “este es un cuerpo real”? Tendríamos que debatir mucho sobre qué son los cuerpos reales.

Estas personas que encarnan esta hegemonía, que construyen este modelo que disciplina nuestros cuerpos y nuestras subjetividades también nos dicen que sufren por este mismo modelo que contribuyen a crear y reproducir todo el tiempo, pero lo más fuerte y violento que está sucediendo es que estas personas no están dispuestas a poner en cuestión ese modelo del cual forman parte, el que les da visibilidad y al cual le deben también sus ingresos.

 Y si esa es la hegemonía y a la vez dan mensajes de que sus cuerpos son reales ¿hay contradicción?

-Es parte de lo mismo, porque si esa persona que tiene un cuerpo hegemónico me dice que su cuerpo es real, ¿entonces el mío qué es? Hay una negación de la diversidad, que existen otros cuerpos, invisibilizarlos y no problematizar. Pareciera que todas sufrimos esto por igual y la verdad que no es así porque no es lo mismo el lugar del que reproduce y construye ese modelo que el lugar del que recibe esas imágenes y se ve afectado.

No problematizar genera el pensar que estos problemas surgieran de la nada o como si fuera histeria –como se hablaba en los orígenes de la psicología- y que son patologías que nos ocurren simplemente por ser mujeres y la verdad es que no. Es un problema social, hay todo un sistema atrás, una construcción y lógicas de poder que van mellando nuestra estima, van ejerciendo violencia sobre nuestros cuerpos e introyectando en nosotras la idea de que estamos mal, que nuestros cuerpos están mal y que no somos suficientes.

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¿Hay formas de combatir esto?

-La estrategia para contrarrestar esto es problematizar estos temas, estos conceptos, estos hashtags vacíos, los discursos sin sentido, la idea de que empoderarse es exhibir el cuerpo –hegemónico- y hacer lo que el patriarcado nos exige que hagamos que es sexualizarnos y desnudarnos. Si hay una máxima patriarcal es que los cuerpos de las mujeres son mercancía y que el único valor que tienen es encajar en el mandato de belleza y ser objetos sexuales. Cumplir con ese mandato patriarcal de ninguna manera es rebeldía o empoderamiento. Hay mucha confusión sobre estas ideas y construir pensamiento crítico me parece clave.

En el festival de hackeo de estereotipos en las escuelas que hacemos desde Mujeres Que No Fueron Tapa, llevamos estas conversaciones a las escuelas con actividades que pongan en cuestión, que les permitan a les adolescentes y les niñes problematizar, mirar, revisar y hackear sus propios consumos.

¿Cómo son los cuerpos de las y los influencers que están siguiendo? ¿De qué hablan? ¿Qué muestran? ¿Se te parecen? ¿No se te parecen? ¿De qué nos reímos en las páginas de memes? ¿Qué cuerpos, qué identidades, qué discursos aparecen en la literatura que consumen?

Queremos que sean ellas, ellos, elles quienes vayan a analizar sus propios consumos culturales y ver cómo todo esto que son los estereotipos y mandatos aparecen en sus propios discursos y cómo les atraviesa la biografía, porque el bullying, la bulimia, la anorexia, tienen que ver justamente con estos modelos.

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