Por Federico Chechele | El número de la vivienda no era el correcto. Mientras avanzamos y retrocedimos buscando la dirección indicada un vecino de enfrente salió del balcón y nos señaló una puerta sabiendo que ese era el lugar que estábamos buscando. Otro que pasó en bicicleta, hizo lo mismo. Esto es Isidro Casanova, La Matanza, todos saben que Luis D’Elía realiza el arresto domiciliario en la que era la casa de su madre.

Abre la puerta y nos recibe con un abrazo incómodo en tiempos de cuarentena. Nos lleva por un pasillo, vemos a la derecha una habitación con vidrio, una especie de quincho donde horas más tarde comeremos un asado. Caminamos hasta una cocina-comedor calefaccionada con hornallas, trae sillas para todos y lanza: “Esto será peor que en el 2001”.

En noviembre de 2017 el Tribunal Oral Federal 6 de la Justicia Federal lo condenó a una pena de cuatro años y ocho meses de prisión por haber encabezado la protesta en la Comisaría 24 en el año 2004. Cumplió dos años en la cárcel de Ezeiza y a las pocas semanas del comienzo de la cuarentena le permitieron el arresto domiciliario por su deterioro en la salud. Semanas después se contagió el COVID-19 pero zafó: “no me tomó los pulmones”.

Hoy se lo ve más delgado, la cárcel y algunas enfermedades dejaron su secuela, y además no se queda quieto un minuto.

D’Elía va y viene supervisando el asado que hace “Tapita”, “un gran número 10” asegura el titular de la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat y del Partido Miles. En la casa hay por todos lados objetos que indican el fanatismo de la familia por River Plate, incluido uno de los barbijos que utiliza el dirigente social. Se ríe. D’Elía se ríe pero nada le parece gracioso.

WikiLeaks y el indulto

“Yo estoy preso por haber encabezado la protesta en la Comisaría 24 de La Boca en la noche que asesinaron a Martín Cisneros. Estuve imputado en ocho delitos e inhabilitado de ocupar cargos públicos por ocho años. Apelé, fui a la cámara Federal, y en la de Apelaciones me sacaron siete de ellos y la inhabilitación. Me quedó un solo: instigación a cometer delito. No hay nadie en la Argentina preso por ese delito. Y lo que es peor aún, me negaron lo que desde el punto de vista de la doctrina procesal se llama la doble conformidad, una vez revocado el fallo original tenían que haberle dado al tribunal de origen la causa para que me vuelva a condenar. No lo hicieron, me condenó la cámara arbitrariamente negándome el principio del doble confort”, explica.

Y subraya: “soy el único preso político que según el cable 122 de WikiLeaks, en el punto 4C, tengo pedido concreto de detención de los Estados Unidos (ver foto). Allí, la ex embajadora Vilma del Socorro Martínez le comunica al Departamento de Estado en Washington que ese día le pide a Macri mi detención. Encima lo informan. Si esto no se llama lawfare, ¿qué es el lawfare?”.

D’Elía hace referencia al cable de WikiLeaks – los documentos filtrados por Julian Assange a mediados de 2007- en el que textualmente expresa: La embajadora dijo que había notado en la prensa que un juez había desestimado los cargos contra (el activista social “piquetero” aliado de Kirchner) Luis D’Elia por tomar una estación de policía a pesar de las pruebas contundentes en su contra, incluida una cinta de video de D’Elia. Macri dijo que consideraba que la sentencia del tribunal era un excelente ejemplo de susceptibilidad judicial a la intimidación, pero también dijo que creía que la decisión sería apelada.

Serio y cruzado de piernas asegura: “no es una condena hacia mí, es a la clase trabajadora que, basado en este antecedente, cualquiera que ahora se exceda en una protesta puede ser pasible de ser condenado igual que yo”.

“Voy a apelar en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que ella autorice el tratamiento en la Corte Interamericana de Derechos Humanos”, sostiene D’Elía, quien hará uso de todas las herramientas que estén a su alcance para quedar en libertad. “Me meten preso a mí en un país donde los ricos fugaron 80 mil millones de dólares”, asegura. Y lanza: “Algunos presos como Milagro Sala y yo, la única vía que tenemos a esta altura es un indulto del Poder Ejecutivo”.

Alberto, las tomas, Berni y D’Alessio

Tapita le hace señas para que Luis vaya a trenzar los chinchulines. Belén, una de sus cinco hijos e hijas, sigue atenta a todos los detalles del almuerzo y apunta alguna duda judicial del padre. Otro de sus hijos entra y sale de la casa. A la hora del almuerzo vuelve con su novia, una rubia alta de origen ruso. Otra de sus hijas se marchó a Europa y ahora vive en Estonia con un consultor del gobierno local. Una familia inquieta.

D’Elía recuerda, allá por el 2008, el día que golpeó a Alejandro Grahan, exdirigente de la Ucedé y productor agropecuario, cuando los asambleísta rurales protestaron en Buenos Aires contra el gobierno de Cristina Kirchner. “Estuve tres cuadras pensando si le pegaba o no. En el juicio él mismo declaró que yo tenía razón en pegarle porque me gritaba ‘negro mercenario hijo de puta’. Tenía la cámara de TN encima de mí. Yo fui porque me llamó Néstor, esto es un golpe me dijo. Cuando entramos a la plaza los ruralistas se fueron. Me dieron cuatro días de prisión suspenso, pero a los dos días Cristina me sentó al lado suyo en Parque Norte”.

Esa, más que una causa judicial terminó siendo un polvorín mediático. Sin embargo hoy muestra una tobillera electrónica en su pierna izquierda que está conectada a un aparato negro similar al que tiene la mayoría de la gente para usar Wifi en su casa. Con eso lo monitorean para que no pueda salir a la calle.

En su recorrido, D’Elía se jacta que a través de la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat construyeron 10 mil viviendas y entregó 200 mil soluciones habitacionales en el país, con escrituras, posiciones y terminaciones de casa. Conocedor de los territorios, no le esquiva al tema de las tomas de tierras que se están sucediendo en diferentes lugares:

“Hoy yo no haría tomas por la pandemia. Las tomas ya son duras de por sí y en este contexto es complicado, pero esto no es nuevo”. Sin embargo, aclara que “en 60 o 90 días más se va a dificultar mucho la situación si el gobierno no atiende en serio las necesidades de los que menos a tienen”.

Propio de su estilo, esboza la teoría de que el kirchnerismo está armando su propia derecha con Sergio Berni “pero no miden las consecuencias para nuestro pueblo. ¡Berni salió a justificar la represión en defensa de la propia privada!”.

Dice que el presidente Alberto Fernández es un buen tipo, con el que se puede hablar, y comparte un reciente chat en el cual le da su opinión de la situación actual y hasta le explica una propuesta para salir de la crisis. Luego nos explica la respuesta del primer mandatario. “Hay cosas en las que coincido y otras que no, pero es momento de ser prudente”, aclara D’Elía.

Ya en la sobremesa, luego de relatar varias anécdotas con personajes públicos que compartió en el pabellón de la cárcel de Ezeiza, cuenta cómo, según él, quebró a Marcelo D’Alessio, el espía que utilizó el macrismo para armar causas judiciales contra los opositores del anterior gobierno. “Un cura amigo me dice que hace ocho meses que el PRO lo tiene tirado en un pabellón, entonces lo mandamos al cura para que vaya a hablarle y en una oportunidad le cuenta que después me venía a ver a mí al pabellón. Ahí es cuando D’Alessio me hace llegar la carta de cuatro carillas donde dice que quiere ser un arrepentido. Mis abogados se la llevaron al juez (Alejo) Ramos Padilla y hoy la causa `Cuadernos´ está caída”, relata con una sonrisa.

Nos invita a la terraza para que saquemos unas fotos. Desde ahí se puede observar una imagen natural del conurbano bonaerense.  Nos cuenta que a la tarde tiene otra visita y mañana otro asado. Durante estos meses de prisión domiciliaria han pasado funcionarios del gobierno nacional, dirigentes sociales y sindicales. D’Elía está activo y pide por su libertad.

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