Redacción Canal Abierto | El Centro Universitario de San Martín (CUSAM) dentro de la unidad penitenciaria Nº 48 de José León Suárez fue destrozado por el Servicio Penitenciario Bonaerense.

Quemaron la biblioteca con casi todos sus libros. Quemaron la radio Mosquito y sus instalaciones; los instrumentos de música con los que estudian los jóvenes privados de libertad; la parte de panadería, encuadernación y cerámica; las computadoras. El ataque ocurrió el domingo a la madrugada cuando toda la población del penal estaba “engomada”, sin poder salir de su celda.

El sábado, el servicio penitenciario suspendió la vuelta de las visitas, interrumpidas desde el inicio de la pandemia. La reanudación fue anunciada irresponsablemente ya que el permiso aún no había sido aprobado por el Ministerio de Salud.

De un momento a otro, con las familias aguardando, y sin dar ningún tipo de explicación el SPB impidió las visitas. Eso despertó la reacción de los internos en casi todos los penales de la provincia de Buenos Aires. En algunos, la protesta se había iniciado pacíficamente al comenzar la semana con huelgas de hambre pero el sábado se produjeron tomas de instalaciones y muchos presos subieron a los techos de los penales.

Así se desató un día de furia represiva en una semana signada por las imágenes de Guernica. Para cuidar las instalaciones del CUSAM, fueron los propios estudiantes quienes en medio de la revuelta defendieron con sus cuerpos el centro impidiendo que sufriera daños durante la batahola.

“La mañana empezó tranquila. Cortaron el agua y como se vieron reclamos en otras unidades, de un pabellón se subieron al techo y después se subieron todos. Producto del accionar policial se desató la violencia y la locura. Nosotros pudimos defender la universidad, nuestro espacio”, narraba ese sábado un joven privado de su libertad.

“En el pico más alto del conflicto, cuando se acordó bajar la tensión y firmar un acuerdo con las autoridades del SPB y del Poder Judicial, hasta ese momento todo lo que se había quemado estaba registrado y contabilizado, y ahí no entraba ni el CUSAM ni el gimnasio de los Espartanos. Cuando todo se calma y los internos se van adentro, estábamos enteros”, narra a Canal Abierto Ernesto “Lalo” Paret, responsable del Área de Articulación Territorial de la UNSAM, coordinador del CUSAM.

A las cinco de la mañana del domingo, los internos volvieron a sus pabellones y cuando les cerraron los candados, en ese preciso momento, empezaron a sentir el olor a quemado proveniente del local del CUSAM.

 

Prendan todo

“Cuanto más nos pegan, más nos fortalecemos, porque CUSAM somos todos”, dice uno de los estudiantes del centro universitario.

“En el lugar se constataron daños al patrimonio físico e intelectual de una magnitud nunca vista desde que la Universidad creó el Centro en convenio con el SPB hace doce años. Y todo pudo ser mucho más grave si los propios estudiantes no hubieran generado instancias de diálogo y protegido, exponiendo sus propias vidas, ese espacio dedicado a la formación e investigación”, señala en un comunicado la Universidad Nacional de San Martín, tras la recorrida que realizaran autoridades de la misma junto al juez de Ejecución Alejandro David que lleva la causa abierta tras los sucesos.

El juez le pidió una explicación al director del penal, que no se la pudo dar. Además le preguntó por las cosas faltantes, que si se las hubieran robado los presos habrían aparecido en las requisas, pero nunca aparecieron. O sea, el daño lo hicieron ellos, y obviamente se chorearon las cosas, como siempre”, narra Paret.

“Esto hay que enmarcarlo en una cuestión estructural, más allá de que la gorra está cansada de que nosotros avancemos y cuando pueden hacernos una maldad la hacen. Nosotros le mandamos cartas a Kicillof antes de que asuma y cuando asumió. En medio de la huelga de diciembre, los funcionarios vinieron a comprometerse con todo lo que hiciera falta. Después vinieron los cacerolazos y la campaña mediática sobre la supuesta liberación masiva de presos y se borraron todos, nunca más los vimos”, agrega.

En el CUSAM se da la particularidad de que los guardiacárceles, trabajadores del SPB, estudian junto a los presos. “En la diplomatura hay dos y en la carrera son tres. Los que estudian, ahora es muy probable que dejen de cursar, porque es muy fuerte la presión. Nosotros vamos a salir fortalecidos, pero el quilombo más grande es cómo retomar la convivencia. Porque yo fui, te quemé tu lugar, en el que vos guardabas cosas de tu vieja, y esto me lo vas a pagar en algún momento. Muchos pibes del CUSAM ahora van a decir ‘esos son los que nos prendieron fuego, no queremos que estudien con nosotros’”.

A pesar de que existe un compromiso del gobierno de la provincia de Buenos Aires para reconstruir inmediatamente todos los espacios físicos dañados y restablecer los elementos rotos o robados, el coordinador del CUSAM alerta: “Estamos en noviembre, esta fue la puntita, porque entre la paranoia de la clase política de los diciembres y la navidad en las cárceles, ¡preparate! Y no veo que tengan capacidad de resolver, porque tienen miedo de los medios y de la clase media”, concluye Paret.

Al CUSAM lo vamos a levantar

“El CUSAM nació en el 2008, con un convenio con el SPB y con la mediación y articulación de organizaciones del territorio. Se dictan dos carreras, Sociología y Trabajo Social, una diplomatura en Arte y Gestión Cultural y más de veinte talleres de artes y oficios. La particularidad respecto de otros proyectos universitarios en cárceles es que estudian los detenidos con los trabajadores del Servicio Penitenciario, por eso para nosotros esto es muy doloroso, porque es como el fracaso del diálogo, nos obliga a redoblar esfuerzos para que los trabajadores del Servicio sientan que éste es su espacio también”, cuenta a este medio Marcos Perearnau, director del CUSAM.

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“Ahora, nuestras prioridades son la protección de nuestros estudiantes, que no haya traslados porque sabemos que estas cosas no terminan de un día para otro. El segundo punto es que avance la investigación respecto a los responsables, porque esto ocurrió cuando la población estaba engomada, así que no fueron los detenidos los que hicieron esto. Y el tercer punto es la reconstrucción del CUSAM y la reconstrucción de tejido social”, puntea Perearnau.

“Nuestros estudiantes apostaron al diálogo, inclusive defendieron el CUSAM de otros detenidos que querían prender fuego todo”, amplía.

 

La educación es la mejor política de seguridad

“La educación no es una cosa más en todo esto. Hay que pensar en quiénes son los que están detenidos. Los presos son 95% hombres, el 60% solo hizo la primaria y en muchos casos incompleta, el 21% hizo secundario casi siempre incompleto. Laboralmente, el 40% son desocupados, el otro 40% con ocupación esporádica”, describe el director del CUSAM.

“La cárcel como forma de tramitar el conflicto social no funciona, no resuelve el problema de la desigualdad y la injusticia, y nosotros creemos que la educación sí. Por eso decimos que la educación es la mejor política de seguridad”.

“Nosotros pensamos que la transformación del Servicio Penitenciario es con los trabajadores del Servicio Penitenciario. Pensá que la Unidad 48 tiene 480 plazas y hasta hace poco tenía más de 1000 detenidos, ¿cómo se gestiona algo así?”, advierte Perearnau, defendiendo la propuesta de que convivan penitenciarios e internos en el Centro Universitario.

Pese a la actitud de los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense, el ministro de Justicia Julio Alak, de quien dependen, se comunicó inmediatamente con los directivos del CUSAM. “Hay que destacar que recibimos el llamado del ministro para ponerse a disposición y comprometerse a la reconstrucción total del espacio, no solo el nuestro sino el de la Unidad 31 de Varela donde está la Universidad de La Plata, y para nosotros es muy importante contar con el respaldo institucional de la universidad y del ministerio”, concluye.

Para colaborar con la reconstrucción:  https://forms.gle/gBjZyp4kGsQXHB82A

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