Redacción Canal Abierto | Casi como una necesidad premonitoria, el Sindicato Único de Artistas, Profesionales y Trabajadores de las Artes Plásticas y Visuales se conformó en noviembre de 2019, cuando el COVID-19 no aparecía en las proyecciones de nadie.

Hoy, tras un año de pandemia que afectó gravemente el mundo de la cultura, está camino a presentar la inscripción ante el Ministerio de Trabajo y consolidarse como un gremio nacional.

“Existimos desde 2019, aunque estamos organizados hace tres años dentro de la CTA Autónoma como una agrupación más chica, la ‘Facio Hébequer’. El sindicato abarca todas las especialidades de la plástica: ceramistas, grabadores, escultores, pintores, dibujantes, muralistas. Tenemos una base importante en Chubut, de hecho nuestro secretario general es de ahí, en la provincia de Buenos Aires y en la Capital Federal. Y ahora se está afiliando gente en Mendoza, Tucumán, Entre Ríos, y La Pampa”, cuenta Néstor Portillo, uno de sus dirigentes.

Durante 2020, la necesidad de organización se hizo fuerte y las afiliaciones crecieron porque los trabajadores del sector fueron de los más golpeados. “Ninguna de las medidas que tomó el Gobierno en cuarentena nos contempló. La mayoría de nuestros compañeros viven de la docencia, y durante la cuarentena no se pudieron hacer muestras, no hubo concursos, ni se pudieron dictar clases particulares -relata Portillo, en diálogo con Canal Abierto-. Pedimos entrevistas con el ministro (de Cultura) Tristán Bauer pero no nos recibió. Sí fuimos recibidos por funcionarios de menor rango pero las conversaciones no prosperaron”.

Y, organizados, durante los meses de cuarentena realizaron tres subastas de obras de arte de distintos autores con el fin de recaudar fondos para los espacios comunitarios. Este mes, realizaron tarjetas y postales navideñas con el mismo objetivo.

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Por el Instituto

El próximo paso desde el Sindicato es impulsar la creación de un Instituto Nacional de Artes Visuales. Se trata de un ente autárquico, con un espíritu similar del Instituto Nacional del Teatro o el INCAA, que disponga de financiamiento y apunte a regular y promover la actividad y a capacitar a los artistas.

“Las esculturas y murales que están en espacios públicos, que son de todos, no pueden asignarse a discreción. Nosotros pedimos que haya concursos, donde los jurados también sean pagos. Todo eso es trabajo. La cultura es una industria. No se puede vivir sin ella, por eso también es importante sostenerla en tiempos de crisis”, agrega Portillo.

Para eso, planean la vuelta de un impuesto del 1% sobre las edificaciones de más de 1.000 metros cuadrados que estaba destinado a la actividad plástica, que desapareció en la última dictadura. Esto permitiría financiar el Instituto y la construcción de una obra artística que embellezca el espacio. “Lo mismo con un arancel a las entradas de las galerías privadas, que hoy nadie regula. Es un mercado totalmente en negro y manejado por diez familias”, detalla el dirigente.

Con el aval de la Central, el proyecto será llevado al Congreso donde esperan que prospere.

 

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Foto: Cultura Colectiva

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