Redacción Canal Abierto | Un thriller bélico. Así describe el periodista e historiador Marcelo Larraquy a La guerra invisible. El último secreto de Malvinas, su último trabajo en el que aporta nuevos materiales que a su entender modifican la óptica del conflicto bélico que mantuvo nuestro país con Inglaterra en 1982.

Un libro escrito con seudónimo en una subasta de pertenencias de un oficial de la inteligencia británica despertó la curiosidad del autor y tras hacerse de la obra en formato digital, encontró un panorama hasta ahora desconocido de la guerra de las Malvinas.

Previo al desembarco de las tropas británicas, cuatro misiones de inteligencia hicieron incursiones en el continente con el fin de investigar a qué armamentos se enfrentarían en su misión de retomar la ocupación de las islas tras el desembarco argentino del 2 de abril.

Todas estas operaciones se encuentran en estado de clasificación por parte de Inglaterra, por lo que no ha sido posible conocer nada acerca de ellas hasta ahora, gracias a la aparición del libro de este oficial que dio el origen al libro de Larraquy.

Tras un año de investigación en ambos lados del Atlántico, Larraquy ofrece esta nueva visión en la que el continente toma un protagonismo hasta ahora inédito al punto que el libro prácticamente no pisa las islas.

En diálogo con Canal Abierto, Larraquy cuenta el proceso de trabajo y cómo después de 38 años, cuando la información de cualquier suceso ya se supone cerrada y a lo sumo solo se pueden ofrecer algunos detalles, testimonios o nuevas interpretaciones, pudo encontrar nuevo material.

-Me sorprendí. No fue casual, yo estaba en Inglaterra y quería hacer algo de Malvinas y por eso empecé a buscar bibliografía. En un librito, en dos páginas, encontré la historia de un comando que había ido al continente a hacer una operación. Tenía nombres supuestos porque el libro estaba escrito por un agente de inteligencia cuya veracidad no se podía conocer. Trabajé más de un año buscando e indagando. Más allá del comando que ingresa en el continente, de la manera que lo presenté era la motivación que tenía y la explicación, que creo que es lo más interesante del libro. Ahí entendí que hubo tres semanas en las que Inglaterra priorizó al continente como teatro de guerra antes del desembarco. Si no resolvía la superioridad marítima y aérea argentina no podía desembarcar y para eso necesariamente tenía que eliminar la amenaza del continente, que actuaba como un gran portaaviones de Argentina. La guerra invisible no toca las islas. Solamente menciona el 1º de mayo el bombardeo de Gran Bretaña y el día 21 el desembarco. Después no ingresa más en las islas el libro.

Para mí fue una novedad ese tipo de enfoque. Me parecía el más adecuado para explicar la importancia que había tenido el continente en el teatro de guerra, tanto para Argentina como sobre todo para Inglaterra. Entonces, lo que marco ahí, en el hilo narrativo del libro es la presencia de la cuadrilla de Super Etendard que complica muchísimo a Gran Bretaña y por eso toma la decisión de enviar un comando para explorar y/o atacar esa escuadrilla. Lo más interesante es que ellos tenían preparados dos aviones Hércules para aterrizar en Río Grande en la pista y por 12 minutos hacer fuego a todo lo que vieran con un grupo de 60 hombres que siempre estaban preparados para salir de un momento a otro desde la Isla Ascención.

– ¿Por qué cree que en 38 años no se supo nada de estos episodios ni desde el lado de Inglaterra ni por reclamos de Argentina?

Es algo que me pregunté bastante. Gran Bretaña tiene cuatro operaciones en el continente que mantienen clasificadas. Yo develo una, las otras tres están en los archivos militares, pero solo es el título. Esta también está mencionada pero no relatada. Las carpetas con toda la información de la operación están retenidas por el Ministerio de Defensa. Yo tengo la fortuna de contar un diario de guerra del capitán que conduce esta operación. Es un diario que el escribe con otro nombre porque firman actas de confidencialidad de no poder relatar las operaciones que hacen las fuerzas especiales. El hace público su nombre cuando subasta una serie de pertenencias. A mí se me ocurrió entrar en el sitio de subastas para ver como había ido y en le última línea vi que había también un libro de su autoría a nombre de William Barnes que relata una operación en el continente. Ese libro estaba en papel, pero también en digital a un dólar y medio. El relata en tercera persona, pero en primerísima persona de manera muy sensorial cómo había sido esta operación.

-O sea que no es el primer libro que narra estos sucesos…

Es que ese libro estaba bajo otro nombre, había que meterse en el sitio de internet de esta subasta en el que estaba en el fondo del pozo. Además, él se fue muy mal del ejército con mucho rencor porque lo enjuiciaron por esta operación. Entonces él durante 38 años no dijo nada.

-¿Y por qué desde Argentina tampoco se supo nada en estos 38 años?

Si bien en diarios de la época uno puede ver en Clarín o en las crónicas de Pérez Reverte, que era corresponsal de guerra, que reflejan un parte argentino que dice que detuvieron a 7 comando del SAS haciendo inteligencia en la cercanía de Río Gallegos. Ese tipo de información que Argentina dio, está archivado, pudo haber sido una operación de acción psicológica o realmente fue así y está archivada. Eso todavía se mantiene archivado por el Ministerio de Defensa. Algunas pocas brigadas del ejercito abrieron sus archivos. Muchos soldados que estaban en el continente están haciendo juicio y les están dando información. A nivel judicial recién ahora se están abriendo archivos de guerra en los que mencionan algún tipo de operaciones como que sale un grupo de infantería a buscar gomones a la altura de Caleta Olivia. O aviones Pucará que van en busca de un Sea King y lo ven en su eco pero luego lo pierden dentro del continente.

Así que tenemos por un lado a Gran Bretaña reconociendo cuatro, una de las cuales es la que cuento en el libro y las otras tres no se sabe cuáles son. Por otro lado, tenemos que por pedidos judiciales Argentina empieza a reconocer en brigadas específicas misiones en relación a estas incursiones. Están los partes de guerra. Hay un material que se desprende de la documentación de la burocracia diaria del ejercito que es coincidentes con testimonios de soldados TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur) con los que me he reunido que cuentan que fueron a hacer misiones de inteligencia, pero como las hicieron con otro nombre no se las reconocen como soldado.

De todas maneras, esto era parte del escenario, pero escapaba al objeto de mi libro, que era parte un comando que va a matar a los Super Etender y a los misiles y los pilotos porque el continente se convierte en el centro de gravedad de la guerra. Ellos tienen que eliminar este problema y hasta que eso esté resuelto ellos no pueden desembarcar. Entonces, yo encuentro un escenario de guerra nuevo que no estaba valorado y previo al desembarco. Todo esto ocurre entre el 4 de mayo y el 25 o 31 de mayo. Es ese período que Gran Bretaña, aun cuando desembarcan el 21, las tropas no se mueven porque tuvieron un bombardeo letal el 21, otro el 23 y no saben que puede suceder si esas tropas que tienen que caminar 105 kilómetros pueden ser bombardeadas o no. Tienen que caminar porque el 25 de mayo un Super Etender impacta sobre el Atlantic Conveyor que tienen 7 helicópteros chinos para el transporte de flotas y lo hunden. Lo que yo relato es un thriller bélico. Todo esto que hace a la estrategia de guerra es lo que hace a la importancia del continente. La importancia estratégica que tiene el Super Etender y el continente para que Gran Bretaña pueda empezar a Desplazar sus tropas a fin de mayo y llegar a la reocupación de Malvinas el 14 de junio. Es un escenario previo y vital para la guerra que puso en alerta a la flota naval, a Margaret Tatcher y al ejército británico.

-¿Estas incursiones modificaron el resultado de la guerra?

El continente demoró más la victoria británica. El poder aéreo argentino, pero sobre todo los Super Etender pusieron un sesgo de preocupación que llevó a Gran Bretaña a plantearse que tenían que resolver el tema del continente porque si no, no podrían ocupar Puerto Argentino. Esa fue la gravitación que tuvo el continente. El tema es que Gran Bretaña no sabía lo que había en el continente. Por eso se plantearon destruirlo todo. También se produce un desequilibrio en la superioridad bélica que ellos tenían y conocían. Su pusieron alertas porque no sabían que había de este lado ni cómo se podía resolver. Acá el problema no pasó tanto por las tropas mal armadas, con los solados hambrientos y estaqueados… Ese es el final del problema. Para llegar a ese problema, Gran Bretaña tenía que reducir a cero el continente. Por eso ponen toda la logística de guerra ahí. Los submarinos estaban ahí, los radares en Chile, los barcos del lado de la costa argentina… Incluso desembarcan por el estrecho más cercano, que separa las dos islas… El problema de ellos era que hubiera un impacto sobre el Invincible o el Hermes, que tenían toda la logística de guerras: los Hermes, los Sea King, tropas, todo…

-¿Qué lugar tiene para la historia inglesa la guerra de las Malvinas?

En el museo de Londres hay una línea de tiempo en la que muestran todas las batallas de ultramar y no están ni las invasiones inglesas ni la toma de Malvinas. En el Museo de Guerra Británico en algunos audios encontrás algún tipo de cosas de Malvinas. Pero con sus intervenciones en la India, Hong Kong, el Canal de Suez y en las guerras mundiales es como algo menor. Tiene la novedad de que algunos la presentan como la última batalla de la segunda guerra mundial; a mí me parece la primera de la era moderna. Por el Super Etender, por los aviones con misiles. Si bien existían los aviones mar-mar esta es la primera ocasión que se utiliza un misil Exocet de 40 kilómetros en combates, que lo prueba la argentina. Estaban en producción estos aviones con estos misiles. Argentina le compra a la marina francesa a fines del 81 y esto fue cuatro meses después. Todavía no había llegado todo el bloque.

Como periodista e historiador yo reúno información, la narro y presento un escenario nuevo. Hay un escenario integral entre el continente y las islas. La guerra no fue solamente en las islas, sino también en el continente. No solamente por esto que acabo de narrar. Por la guerra electrónica, la gente que hacía escuchas en el continente de los buques británicos.

Ellos metían una presión constante sobre el continente. Como corolario cuento que la guerra de Malvinas se tiene que empezar a contar integralmente entre el continente y las islas. Porque las islas no podían estar todo ese período sin la protección constante del continente. Cuando el continente vio minadas sus fuerzas aéreas, las tropas británicas asediaron Puerto Argentino y eliminaron la resistencia en tres días. Por eso se llama La Guerra Invisible. Es mucho más intensa, profunda y de muchos más sucesos que lo que vimos nosotros: los barcos llegando, el desembarco la caminata larga y tres días de combate. Lo que presento es el escenario previo que está clasificado en su gran mayoría. Pero se va a empezar a desclasificar. Yo estoy requiriendo desclasificaciones. El tema es que se me abría mucho el libro. Yo lo planteo, pero no hago la investigación sobre todo el continente. Mi objeto de investigación es una patrulla y una cuadrilla. Me pongo en la piel de una patrulla y en la piel de los pilotos para narra el libro.

“Un libro que no entra en la grieta”

A diferencia de gran parte de la población mundial, el 2020 de Larraquy no fue un año perdido o de inactividad. Es que además de La guerra invisible, también estuvo abocado en la corrección para la reedición del inicio de su travesía editorial, ocurrida hace 20 años con Galimberti. De Perón a Susana. De Montoneros a la CIA, escrito en coautoría con Roberto Caballero.

-De alguna manera, así como La guerra invisible abre un escenario nuevo para el estudio de la guerra y lo que sucedió en Malvinas, Galimberti marca una nueva visión de los `70. Hasta entonces prácticamente no existía bibliografía de los `70. Más allá de libros de testimonios. Acababa de salir La Voluntad hacía dos o tres años, pero era un relato más coral. Después había testimonios periodísticos, pero no muchos libros. Yo estaba en la carrera de historia en los `90 y estudiábamos hasta el 66, la bibliografía de los 70 no existía. De la misma manera que con La guerra invisible, se me abrió un territorio nuevo para mí a 20 años de terminados los 70 a través de un personaje que estaba clandestino y era muy odiado. Había mucho temor en la militancia de que se lo vea como ejemplo de lo que habían sido los `70. Pero lo nuestro era un trabajo periodístico sobre un personaje que entraba de una manera brutal en los `90.

-¿Era un personaje más bien subterráneo al que ustedes pusieron en superficie?

Había sido delegado de Perón en el 72 y había quedado subsumido por la conducción de Montoneros. El libro aborda esa tensión constante entre Galimberti y la conducción de Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía. Después hay un período de clandestinidad muy rico en México, París y el Líbano como combatiente. Después hay 6 años de clandestinidad en Argentina, durante el gobierno de Alfonsín, buscado por sus causas penales. Luego viene el indulto y los negocios, pero también con mucho cuidado. No era que el tipo daba notas y te invitaba a charlar de todo. Él era un lobista y también un agente contratado de la SIDE para hacer operaciones. Y después se mete de lleno en los negocios, que no consistían en abrir una verdulería.

-Uno de los grandes elementos que tiene el libro es la palabra del propio Galimberti. ¿Cómo lograron que hablara y cómo fueron esos diálogos?

La gran conquista de lo que nosotros queríamos era que él hablara. Vos podés escribir lo que quieras sobre un personaje, pero si lo tenés adentro del libro siempre es mejor. Aunque sea para decir que lo que escribiste es mentira o que no fue así. Yo esperaba y valoraba mucho los encuentros con él. Se producían durante tres semanas o un mes y quizá por tres meses no pasaba nada.

También era un libro caliente porque él estaba armando una agencia de seguridad con gerentes de la CIA. Esto era en el 2000, él estaba armando esto y nosotros estábamos escribiendo el libro. Eso le daba cierta actualidad, porque también empezaba el juicio con el padre Grassi. Era un libro que a él le preocupaba porque pensaba “estos están buscando arruinarme como está buscando arruinarme Clarín, la justicia o los periodistas”. El veía una gran confabulación que en parte era cierta. Ya había una especia de guerra mediática con el tema de los medios electrónicos en los que él quería meterse de lleno ahí. Si bien internet tenía cinco años, lo que hoy conocemos como 4 play ya estaba en marcha y él quería jugar en ese rubro. Entonces le tiraban el pasado montonero o lo de Hard Comunication como fuego de artillería del enemigo.

Entonces él veía al libro como parte de esa operación. Y nosotros caímos con los portafolios plantearle que queríamos hacer un libro sobre su vida, el empezó a preguntar “quién les paga de dónde vienen, muestren el panorama” y empezamos a hablar. El guardaespaldas de él nos investigó seis meses haciéndonos seguimiento. Hubo situaciones con armas de fuego en la mesa, aunque eso era parte de la escenografía que él presentaba.

-Planteás que en los `90 prácticamente no había bibliografía de los `70. El libro es de 2000 y luego los `70 cobran fuerzas en el debate político argentino, sobre todo tras la asunción de Néstor Kirchner. ¿Te parece que el libro ayudó a la puesta en discusión de ese período?

Galimberti no es el modelo setentista que plantea el kirchnerismo. Muchos se sintieron incómodos. Nos preguntaban por qué hacer un libro sobre él y no sobre la militancia como colectivo. A mi me parecía atractivo el personaje porque podías abrir el velo de una Argentina subterránea, el subsuelo de la Argentina en términos de violencia política, pero también de las ilusiones y los sueños de una generación. Y también de la manera que se mueven los negocios de los `90. Así que el personaje estaba bien elegido. Después hubo una polémica, pero era una polémica testimonial de lo que había hecho cada uno, de lo que había sucedido. Era más personal que historiográfica. Hubo bastante jaleo.

-¿Cómo te parece que envejeció el libro?

Para mí el libro está intacto. En enero de este año lo leí todo y lo corregí. Después le hicimos el epílogo final que consiste en qué dijo él cuando salió el libro y es como una especia de reverso del prólogo. De toda la bibliografía setentista, es un libro que no entra en la grieta. No plantea “montoneros criminales” o “la derecha procesista” ni demonización de la guerrilla o del setentismo. No presenta eso, pese a que toma una figura muy revulsiva, no lo plantea como ejemplo de que todos los Montoneros fueran así. En ese sentido podría ser más parecido a Limonov de Emmanuel Carrere, en el que no se pone a hacer un juicio moral de la política rusa, sino que agarra a un personaje y lo cuenta. Nosotros hicimos eso. Todo lo que se hizo después sobre los 70 cayó en la grieta. Después yo escribo Lopez Rega, que es un libro que trabajó sobre el espacio de represión ilegal en el período 73-76. Es algo que también costó mucho instalar, contar y mostrar. Porque siempre estaba la idea de que era una cosa de López Rega nada más y ahí abrís el velo también. Después vino Fuimos solados, que es el libro de la militancia armada después del golpe. Es un tema del que tampoco había nada y aún hay muy poco.

Entonces, Galimberti no es un libro que quiera decirte lo que tenés que pensar. Te abre el abanico. Recuerdo gente que decía “que grande Rodolfo, que bien que presentaron a este luchado que siempre fue al frente” mientras que otros decían “qué bien que desenmascararon a este hdp… que secuestraba y mataba”. Cada uno leía lo que quería leer. Al propio Galimberti le preocupaba mucho como quedaba en el libro y tampoco tenía una opinión clara. Incluso hace una ronda de amigos a los que les da el libro para que lo lean y le digan cómo les parecía que quedaba y también tenía distintas miradas.  Y le llegan a decir “la parte en la que peor quedás es en la que hablás solo”. Es un monólogo en el capítulo final en el que está él solo hablando, sin nuestra intervención. Ahí expone el monstruo, pero a la vez es el más sincero, no tiene red. Es Galimberti sin filtro alguno. Es el resultado de la edición de 7 entrevistas.

En esta edición, contamos la muerte de él, que ocurrió después que saliera el libro. Después vuelve él y contamos de lo que él piensa y dice del libro cuando se publica. Cuando eso termina él vuelve a hablar, con ese monólogo. Así que él sigue teniendo la última palabra del libro. Es una edición que a mí me gusta. Él está constantemente en el libro como una rueda que no termina nunca.

El del final es un monólogo interior que me recordaba al viaje de Apocalipsis Now. Willard llega a la isla y se encuentra con Galimberti. Ese es el monólogo del hombre que vio la destrucción, se pintó la cara y ya está conviviendo con todos sus fantasmas. Eso no entra en la grieta de decir si los muertos por Montoneros son más o menos que los desaparecidos. Es otro abordaje que a mí me parece más interesante para leer y para las nuevas generaciones puedan entender un poco la historia argentina sin la maqueta con la que se suele presentar a los 70. A veces veo notas o libros y veo maquetas que no cuentan historias sino posicionamientos ideológicos a veces fundamantalistas.

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