Por Corina Duarte | El silencio es enorme en el Palacio. Se detiene el tiempo mientras Senadores votan. Muchos varones, también cubriendo en la sala de Prensa nos miran, creo que de alguna manera nos envidian. Quiero sentir eso mientras descuelgo el pañuelo de la mochila y lo agarro fuerte entre las manos, tengo miedo que se rompa, tengo miedo de soltarlo, tengo miedo de perder. Pero no, el aborto legal es Ley en la Argentina y todas y todes sentimos que se hizo justicia.

Yo me abrazo con una amiga con la que en otro diciembre nos rompimos el corazón. Y lloramos, lloramos con mocos, nos mojamos los hombros transpirados del calor también con lágrimas.

Nadie disimula la emoción, de repente, se habilita llorar y está bien, y es lo que hay que hacer porque esperamos tanto, que ahora es Ley y las lágrimas son el bautizo militante de este momento irrepetible.

Afuera los pañuelos se trenzan en guirnaldas infinitas. Los gritos traspasan los muros cementicios de historias tantas veces construidas de espaldas a ese pueblo en tetas y de verde, de grafas y de manos resecas. Porque afuera está todo, y adentro también.

Por la vereda de la luna

Afuera están las madres que caminan con las hijas con glitter y brillos. Con vinchas florecidas, con musculosas llevadas hasta lo más arriba posible, con pibas de la mano con otras pibas que se besan apasionadamente en cada esquina. Las calles calientes de la ciudad se llenan de grupos. De repente, te obligan a rascarte los ojos, parece que hubiera una playa y arena en algún lado por la forma en la que se han tirado sobre el asfalto. Toman mate, tienen vinos con vasos con sus nombres, mochilas llenas porque la noche es y fue larga. Porque el día arrancó temprano.

Adentro, periodistas, hombres y mujeres, pero sobre todo mujeres y lesbianas enchufan y desenchufan sus notebooks, pierden cargadores y los encuentran, corren una y mil veces el único ventilador destartalado que se apoya casi agonizante sobre una de las paredes que da a la Plaza. La señorita de la puerta, de cabello colorado, acompaña sonriente a cada una que llega, hace una especie de visita guiada. Tiene las uñas verdes, está a gusto, abre “su casa” porque parece que ese día siente propio el Palacio.

Haciendo la salida para el especial de Farco, en un patio precioso por dónde el aire disputa y a veces, también, gana y entra, vemos cruzar a la Vicepresidenta, está hermosa, la admiramos y nos detenemos en sus zapatos rojos, en su sonrisa y esa mano levantada a medias que saluda y se pierde. Y queremos más, queremos que vuelva a aparecer y se ponga el pañuelo en la muñeca y se saque una y mil fotos con nosotras, pero no vuelve.

Alguien regala helado de frutilla y dulce de leche. Hay cucharas verdes y amarillas. Son las dos de la mañana, y sacamos cuentas con un drive que marca tiempos y palabras.

Ya sabemos que es Ley, pero no nos animamos a abrazarnos, ni a nada. Nos prendemos un pucho, decimos que el 31 de diciembre dejamos de fumar ¿Cuántas veces lo dijimos ya?

Salimos a la calle a caminar un rato, pasamos entre hileras de policías que de repente, son extremadamente amables. Circundamos calles, saludamos gente, olvidamos nombres, nos movemos con alguna cumbia apenas porque nos salieron ampollas, y no sabemos porqué porque las sandalias no son nuevas. Apretamos el teléfono, en cada esquina una pantalla reproduce discursos, se aplaude fuerte, se calla, se abuchea.

Y a las cuatro de la mañana, lloramos y nos abrazamos. Las ampollas no desaparecieron. Pero el miedo si.

Pensamos en nosotras más chicas, las que hoy tenemos cuarenta, cuando tuvimos dieciséis o diecisiete y el noviecito que no se cuidaba porque “el forro me molesta” y tuvimos un atraso. Y nos morimos de miedo, porque pensábamos lo peor, porque teníamos planes, porque nos íbamos lejos, porque queríamos ser periodistas, y “sino me viene qué hago”. Pensamos en ese miedo que te saca el sueño, te enrosca, te desarma. Y te mata. Porque ese aborto de miedo, clandestino e ilegal te mata.

Y a partir de ahora, ninguna piba morirá de miedo por abortar. Y eso es un montón, por eso lloramos fuerte y nos transpiramos más y arrancan las corridas, se abren las puertas, y aparecen las dirigentes políticas que pusieron ovarios y caderas para llegar acá.

“Hoy la política se puso a la cabeza y demuestra que las mujeres tenemos derechos, tenemos autonomía, y nos reconocen en igualdad”

Vilma Ibarra parece más chiquita, enfundada en un pantalón blanco, la piel perfecta. Saluda, abraza, se ríe.

También llora en la conferencia. Ella que nunca pierde la compostura, de repente, se desarma, y dice “esta Ley hoy se consigue y es un logro de muchas décadas, de muchas luchas, de muchas mujeres, de distintos partidos políticos y hoy la política se hizo cargo de una demanda, esperamos que nunca más haya una mujer muerta por aborto clandestino”.

“Nos saca a las mujeres de la clandestinidad. Queremos que no haya más mujeres con una perforación de útero porque tuvo una práctica insegura, esperamos que los sistemas de salud reciban a las mujeres y las cuiden y las traten con dignidad, y estamos muy emocionadas. Es una lucha de muchos años. Es una lucha muy grande muchas mujeres de muchos partidos. Hoy la política se puso a la cabeza y demuestra que las mujeres tenemos derechos, tenemos autonomía, y nos reconocen en igualdad. Es un gran día para la lucha de las mujeres en Argentina”.

El verde gana la escena, como lo hizo durante todo el día hasta en los atuendos elegidos por el periodismo. La Ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, Elizabeth Gomez Alcorta dice “hoy estamos haciendo historia. Y estamos haciendo historia porque la historia se hace con lucha. Hay que nombrar a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que ha sido un motor incansable. Es una demostración cabal que los derechos se conquistan con lucha, con transversalidad y con una gran capacidad que tenemos nosotras de construir colectivamente”.

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La diputada Mónica Macha, casi sin voz, dijo al micrófono que era este un día en el que sentía “mucha emoción, la lucha feminista y transfeminista logró esto, 40 mujeres mueren por abortos en nuestro país anualmente. Por todas ellas nos debíamos esta Ley”.

Apostando a la transversalidad, Silvia Lospennato, diputada Nacional del PRO, destacó que “la historia de la ampliación de derechos le debe mucho a la lucha de las mujeres. Sabemos que este era un derecho por el que veníamos peleando hace muchísimos años y tuvimos la posibilidad nuevamente de llevar adelante este acuerdo de forma transversal. La Argentina es a partir de hoy un país más libre, más igualitario”.

Malena Galmarini, enfundada en un conjunto verde impecable, sostuvo que “nosotras estamos a favor de la vida. Queremos que las mujeres tengan más oportunidades, y para eso tenemos que tener el derecho a elegir. No estamos en contra de quiénes quieren continuar con sus embarazos, hoy hay dos leyes, la IVE y el acompañamiento del Estado si desea continuar. Estamos ganando el derecho a elegir para nuestras vidas. Quiero agradecer al Presidente Alberto Fernández, pero sobre sobre todo al Movimiento de Mujeres”.

Estela Díaz, Ministra de la provincia de Buenos Aires, enfundada en un tapabocas de Eva Perón, dirá que al final “llegó, finalmente es ley, lo palpitábamos, era el tiempo del aborto legal, había un movimiento que maduró, y la decisión del poder ejecutivo fue central.Este derecho se lo debíamos a la democracia, hoy las mujeres tenemos un derecho que se nos negó sistemáticamente. Hoy tenemos un derecho conquistado”.

Y de repente, se vuelve a cantar en el Palacio y se desacartona un poco, otra vez, y los vitrales perfectos, el piso de mosaicos exquisitos, las lámparas colgantes de techos altísimos, rompen su distancia y nos hace sentir como a la señorita de pelo colorado que a esta hora, ya abandonó la recepción y deambula cansada por los pasillos, sin perder la sonrisa.

Decíamos en 2018, “nos deben la Ley que ganamos en la calle”. Esta madrugada, esa deuda comenzó a saldarse. Las luchas que siguen, las lucharemos juntas, juntos y juntes, nuevamente, la única receta infalible para llorar de felicidad.

 

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