Por Leo Vázquez | El 23 de julio próximo pasado el disco Carne, tierras y sangre de Pilsen se quedó con la estatuilla del premio Gardel en la categoría Mejor Álbum de Rock Pesado / Punk, en una terna que compartía con Sr. Punk de Mal Momento y Librarse y Existir del “Tano” Antonio Romano. Pocos días después, el 5 de agosto, la banda anunciaba una gira para octubre en lo que sería el regreso a los escenarios post pandemia. Sin embargo, esto último no sucederá, ya que el corazón de Pil, artista antes conocido como Pil Trafa, se apagó súbitamente este fin de semana en un viernes 13 que hizo gala de su desgraciada fama.

Tanto se ha dicho y tanto se sabe sobre Enrique Héctor Chalar que es difícil sintetizar su historia en un texto breve. Que fue uno de los inauguradores del género y uno de los referentes de la movida, que le escupió en la cara a la dictadura y que cada disco y presentación de Los Violadores fueron una expresión de desprecio al sistema y que, por eso mismo, en muchas oportunidades tuvo que pagar las consecuencias. Sin embargo, tener presentes sus inspiraciones intelectuales y recordar sus relaciones artísticas puede servir a la hora de intentar entender porqué el hombre que falleció este fin de semana a los 62 años es uno de los referentes culturales irrepetibles e irremplazables, y por qué su partida causó gran conmoción.

Radicado en Lima desde 2000, donde vivía con la productora peruana Claudia Huerta y Ián, el hijo de ambos, durante la última década y media fue y vino de país en país y de banda en banda, entre proyectos solistas y reencarnaciones violadoras de variado tipo, hasta que finalmente se instaló en una potente reversión de Pilsen.

El nacimiento del romance entre  Pil y Perú podría rastrearse en 1987, cuando el grupo editó su icónico cuarto disco, Mercado Indio, una reivindicación de las culturas precolombinas con reminiscencias incaicas y su consecuente condena de la conquista, que fue un tremendo éxito de ventas en el país andino donde además lo presentaron con shows multitudinarios de entre 10.000 y 30.000 personas en la capital y dos recordadas giras por el interior. “De Lima me enamoré a primera vista”, confesaría décadas después.

Pil, el cine y literatura

Está a la vista que las búsquedas compositivas de Pil Chalar abarcaron un abanico amplio de preocupaciones que fueron desde la actualidad nacional, la cuestión social, la introspección personal, la geopolítica global, la ecología, la tecnología y la historia.

Pero también, o junto a todo eso, la cultura en casi todas sus vertientes fue motor creador de su obra. Lector indomable, cinéfilo, amante del teatro y el deporte (hincha de Boca y fanático del rugby) auto reivindicado socialista y, por supuesto, melómano inabarcable.

Tal vez, el ejemplo más visible de eso sea 1, 2 ultraviolento, basada en La Naranja Mecánica, la película de Stanley Kubrick sobre el libro de Anthony Burgess que Stuka había visto en Brasil cuando todavía no había llegado a Argentina.

Pil siempre destacó su afición por el cine de Polanski, Bergman y Buñuel entre los clásicos, de los Monty Python, y en los últimos años mencionaba al destacado director británico Peter Greenaway como uno de sus predilectos.

A Kubrick volvería en El Monopolio de las palabras, su primer disco solista, en 2004, con el tema  El viejo Stanley, en el que además menciona películas como Odisea del espacio, Huellas de gloria o Lolita. Aquel trabajo discográfico también incluyó una versión de Clandestino, de Manu Chao, junto a músicos de Die Toten Hosen.

De su infancia, en la época del cine de Villa Urquiza con su padre, surgió el gusto por el western, que se vio reflejado en varios temas de la última etapa y su reconocimiento de la música de Ennio Morricone.

Ese encadenamiento de obras admiradas para componer una pieza propia ya había sido explorado en Seis novelas, en el primer disco de Pilsen, el tema dedicado a Osvaldo Soriano -de quien se reconoció insistentemente un lector total-, en el que armó una historia a partir de los títulos El ojo de la patria, Cuarteles de invierno, No habrá más penas ni olvido, Una sombra ya pronto serás, Triste, solitario y final y A sus plantas rendido un león, las primeras publicaciones en el género novelístico del escritor y periodista argentino.

Homenajes similares se pueden encontrar en, por ejemplo, Bestiario, el segundo CD de Pilsen, nombre que recuerda al primer libro de cuentos de Julio Cortazar en un disco que fue editado en 1994 y que contó con producción y participación del guitarrista de Sex Pistols y héroe del movimiento punk mundial, Steve Jones.

O en Casa Roja, una canción/videoclip inspirada en Las putas de San Julián, de Osvaldo Bayer, que fue grabada en Último Hombre, de 2015, con Pil y los Violadores de la Ley, la efímera experiencia de la cual finalmente surgió la tercera y definitiva formación de Pilsen. (Ese trabajo, editado inicialmente como Pil y Los Violadores de la Ley, hoy aparece en Spotify como parte de la discografía de Pilsen, con la correspondiente corrección de la portada original)

El último hombre es, además, una novela apocalíptica de Mary Shelley -la dramaturga autora de Frankenstein-, publicada en 1826.

Más atrás en el tiempo es conocido que Más allá del bien y del mal, incluida en Fuera del Sektor de 1986, partió de la obra de Nietzsche del mismo título publicada un siglo antes, que décadas más tarde fue retomada por Michel Foucault. La influencia directa para la canción fue, sin embargo, la película El séptimo sello, de 1957, del sueco Ingmar Bergman.

En Mas allá del bien y del punk, el libro que Pil coescribió con el periodista Juan Carlos Kreimer a modo de memorias autobiográficas, el cantante contó: “Tengo mis fetiches. Uno es Stendall, con Rojo y Negro. La canción Ellos son (Los Violadores), dice: “Rojo y negro son diferentes emblemas”. Otra es Le rouge et le noir (NdA: publicada en Rey o Reyna, del 2009, en una nueva formación de Los Violadores que no incluía a ninguno de los miembros originales), que habla de un asesinato en una ópera. Y ahora una nueva, Rot und Schwartz, inspirada en El Jugador, de Fedor Dostoievski” (NdA: grabada en Ultimo Hombre y en Pils3n, disco en vivo registrado en 2017).

Por las mil y una noches (rojo y negro persa), de Carne, tierras y sangre, vino a completar en 2020 esa enumeración.

Los ciento veinte días de Sodoma, de Sade, o La filosofía del tocador o Diálogo entre un sacerdote y un moribundo, no los podía largar. Hay influencias de la moral y del sadismo del Marqués de Sade en mis canciones”, agrega en ese libro que editorial Planeta publicó en 2017.

Allí también se confiesa lector de la obra de Charles Dickens, del irlandés Bram Stoker, de Henry Miller, Bukowski, Charles Baudelaire, Borges, Carl Marx, y La Ilíada y La Odisea de Homero. Ya en los 90, para intentar quebrar la crisis en la que lo había sumido el consumo excesivo de alcohol y la transición profesional que representaba el ocaso de Los Violadores, aparecieron el alemán Gohete, el francés Gustave Flaubert y relecturas de Julio Verne y Ray Bradbury.

“Lo mismo me pasaba cuando lo veía a Alfredo Alcón en una obra de teatro. O cuando fui parte de la producción de The infernal comedy en Lima y estuve muy cerca de John Malcovich: el tipo me hizo lagrimear, creí que lo que le pasaba a ese asesino de mujeres, le pasaba a él”, contó.

Edgar Allan Poe, Isaac Asimov y George Orwell también eran recurrentemente mencionados por Pil. “El sueño orwelliano se hizo realidad” comienza rezando el quinto track de su obra final, que alerta de la influencia de las tecnologías en el control social, trazando un paralelismo con el célebre Big Brother de Orwell.

Violadores, Pilsen y las músicas

Por supuesto la creación musical de otros artistas también fue parte de la mochila con la que Pil transitó por este mundo a la que también fue llenando con colaboraciones e intercambios con colegas de todos los estilos.

Además de los evidentes Sex Pistols, The Clash, Ramones, The Damned, Buzzcocks, Pescado Rabioso, Pappo, Beatles, es sabido de su amor por la música clásica y su fanatismo por Ludwig van Beethoven, eternizados en 1,2 ultraviolento y en Más allá del bien y del mal, entre otros, y en la relación musical y personal que tejió con el tenor Carlos Darío Saidman, invitado, por ejemplo, a cantar en la grabación de En Vivo y Ruidoso.

El primer round de la banda emblema del punk argentino se cerró en 1992 con el ya mítico recital en Obras. Quedaban atrás seis discos de estudio y En Vivo y Ruidoso, con Pil y Stuka como staff permanente, Sergio Gramática y el Polaco Zelazek completado la formación clásica, y Hari B (a quien Luca bautizó como “pseudo punkito con acento finito” en La rubia tarada de Sumo) al principio y Sergio Vall sobre el final.     

Pocas semanas después el cantante relanzaba su carera con Pilsen. Con esa primera formación largaron el crudísimo y rabioso Bajo otra bandera, con el que Pil demostraba que no estaba dispuesto a hacer concesiones de época, que su perfil contestatario no había mermado y que musicalmente redoblaba la apuesta hacia un sonido cada vez más veloz y distorsionado. Ese material contó con participaciones estelares de los alemanes Die Toten Hosen, de quienes Pil fue principal promotor por estas tierras; Steve Jones, ex Sex Pistols; del afamado ladrón del Tren de Glassgow Ronnie Biggs, y de los UK Subs.

El premiado último trabajo de Pilsen contiene Así está el rock, una crítica a la acartonada escena local y al punk en particular, en la que canta el joven rapero de Avellaneda XXL Irione, y una nueva versión de Non Santo, tema contra los agronegocios que suma la voz de León Gieco. También participaron el charanguista Juan Cruz Torres, hijo de Jaime Torres, y la coplera, artista de la quena y el sikus, Micaela Chauque.

Sobre la canción que da nombre el álbum, Pil contó en un encuentro: “Escribí la letra después de leer Operación Masacre, de Walsh. Me impactó el mensaje con la Revolución del 55 y de ahí me fui hacia atrás y llegué a los virreyes. En las Provincias Unidas del Río de la Plata lo único que había era curtiembres. Y uno lee cómo con los empréstitos británicos empezaron a haber deudas y deudas y la gente era pobre. La oligarquía es lo más recalcitrante; son las antiguas familias patricias que no quieren ceder ni el mínimo y quieren mantener una falta de educación para que ellos sean siempre los ricos, los poderosos, los amos. Yo estoy en contra de eso y lo manifiesto con la música”.

El material coquetea con el tango, el folklore, el rap y los ritmos latinoamericanos ensamblados en un punk potente, prolijo y definitivo, con letras que hablan de la historia de la lucha por la tierra en este país, el extractivismo, la relación con las redes sociales, la violencia de género y el poder de los medios. Fue el primer disco nacional en editarse en pandemia y colgarse gratuitamente en todas las plataformas digitales.

De hace unos años, el espectáculo conjunto que brindaron Pilsen y la Orquesta Típica Fernández Fierro es tal vez una de sus puestas más arriesgadas y destacadas.

En varias notas señalaría a Wos como referente del recambio artístico. Por supuesto tocó con grupos, o integrantes de grupos, como The Damned, Offpring, Buzzcocks, Bad Religion, Die Toten Hosen, Ramones, Sex Pistols, Faith No More, entre muchos otros.

“En casi todas mis canciones hay algo por debajo que lleva un mensaje, disparos a los recuerdos y esas ideas comunes que aparecen en muchas obras de arte y que al encontrarlas te despiertan cierta comunión”, le contó a Kreimer.

El rock y la política

Cuando se terminó la primera etapa de Los Violadores, cuando regresó al país y formó Pil y Los Violadores de la Ley, o en la segunda y tercera formación de Pilsen, Pil ya era un artista consagrado y podría haber optado por rodearse de otros músicos de su talla en cuanto a trayectoria y reconocimiento. Sin embargo, característica ampliamente reconocida en las múltiples despedidas virtuales de las últimas horas, hizo uso de una amplia generosidad y búsqueda de renovación convocando a bandas jóvenes. Los Vejez Prematura fueron los amigos menores que lo acompañaron en Bestiario y que también participaron de las últimas juntadas y la grabación de Pils3n en vivo. Los Mamushkas fueron los elegidos para Pil y los Violadores de la Ley, que más tarde devino en el último Pilsen, con Tomás Loiseau, bajista y productor musical del disco -hijo de Caloi y hermano del historietista Tute-, que falleció en 2019 a los 43 años mientras tocaba con su banda.

En ambos casos, no solo fueron sus músicos de acompañamiento sino que también les brindó amplio margen para componer y arreglar.

Supo meterse en la grieta de los últimos años. Si bien confesó haber votado a Néstor Kirchner, le dedicó una canción crítica al kirchnerismo que luego dejó de tocar en vivo tras el fallecimiento del ex presidente. Con la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada endureció sus posiciones contra la derecha y fue un acérrimo y explícito opositor de Cambiemos toda vez que pudo, sobre todo en entrevistas y en sus shows.

Oficial u opositor, de Bajo un sol feliz (2006), cantada junto a Claudio O’Connor, es un duro tiro por elevación al Grupo Clarín.

Toda su obra es un llamado a la revolución socialista y un enfrentamiento permanente al imperialismo, el capitalismo y las violaciones a los derechos humanos, con temas como Guerra total, en el primer disco de 1983; Petróleo y sangre (rojo y negro) –otro guiño a Stendall-, dedicada a la invasión de Estados Unidos contra Irak durante el gobierno de Bush padre, en Otro festival de la exageración (1991), la última publicación de la primera etapa de la banda. Comunicado 166, la negativa junto con Virus a participar del festival por la guerra de Malvinas, La Era del corregidor (1986), Fashion revolution –sobre el Che Guevara, grabada junto a Chizo de la Renga en Rey o reina de 2009-; su cover de Viva la Revolución de los Hosen, Alas para la revolución socialista, de 2015, o Bajo otra Bandera y Momentos del Mundo, ambas con Pilsen, se pueden anotar para nombrar solo algunos de los ejemplos en las diferentes etapas.

El periodista Juan Ignacio Provendola, amigo de Pil, ensayó en una nota de estos días en Página/12 una parábola histórica sobre la carrera del músico según la cual, aquella idea sobre “fútbol, asado y vino” que se expresaba en su primera letra, Represión, himno contra la dictadura, se completaría luego de un recorrido artístico e intelectual de 40 años con una imagen en espejo representada en la carne, las tierras y la sangre.

La triste seguidilla reciente de partidas de talentos jóvenes que comenzó con Rosario Blefari y Gabo Ferro en 2020, que siguió este año con Willy Crook y Palo Pandolfo, se extiende ahora con Pil, que murió en Perú, el país en el que muchos dicen que había nacido el punk.

En la letra de la canción que da título a esta nota, escribió:

Sin ataduras en el este,
leyendo a Engels ya Marx.
Sin ataduras en el este,
brindando vodka con caviar.
Sin ataduras en mi mente,
yo sólo busco la verdad.
Sin ataduras en mi loco corazón.
sin detenerme.

“Para mí, una banda de rock es una revolución posible, en lo social y en lo personal”, había dicho en su libro.

 

Foto: Ailiñ Gómez Carballo

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