Por Melissa Zenobi | A poco más de una semana de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, se recalentó la campaña política. Los dichos de la precandidata a diputada nacional por el Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires, Victoria Toloza Paz, en torno al sexo, encendieron la mecha. La derecha se escandaliza y el debate menos pensado copa el prime time de todos los canales de noticias.

“¡La gente quiere coger! ¿Cuándo se va a volver a coger en este país?”, preguntó el humorista Martín Rechimuzzi, quien junto a Pedro Rosemblat realizaron este domingo una entrevista a Victoria Toloza Paz en el marco del programa “Saliendo que es Eléctrica”, que se emite por YouTube y tiene cautivo a un gran número de jóvenes que no consumen televisión tradicional. El intercambio refería a los cuidados en el marco de la pandemia. La precandidata del FdT no sólo no evadió la pregunta, si no que respondió: “en el peronismo siempre se garchó”.

La frase, utilizada con o sin contexto, no pasó desapercibida ni para el propio partido, que salió a bancar -incluso Alberto Fernández-, y mucho menos para la oposición, que se mostró escandalizada. La asesora presidencial en materia de género, Dora Barrancos, dijo al aire de Canal Abierto Radio: “Felizmente la gente hace buen uso y abuso del gran derecho a la sexualidad, y ojalá eso trascurra en todas las formaciones políticas”. Sobre la reacción conservadora, explicó: “Creo que hay un repentinismo en algunas derechas exultantes en hipocresía que se han tornado muy represivas. Ojalá estén únicamente represivas en este momento del electorado y después recurran al cause maravilloso de una gran felicidad personal. La sexualidad da mucha felicidad”.

Entre otros que salieron a hablar, se destacan las declaraciones de la precandidata a diputada nacional por la alianza Juntos en Ciudad de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien enseguida trató de meter el tema en el closet: “¿De verdad creen que los jóvenes los van a votar por eso?, dejemos que ellos se ocupen de su sexualidad, nosotros tenemos que encargarnos de que tengan trabajo digno y educación de calidad”, dijo en Radio Rivadavia.

Entonces: ¿Qué es una educación de calidad sin Educación Sexual Integral?, ¿De qué se supone que cada uno se ocupe? ¿Por qué hay ciertos sectores que repelen hablar de sexualidad? ¿Qué pasa con politizar la sexualidad y el goce? ¿Qué pasa cuando las que hablan de sexo y de disfrute son las mujeres?

La primera liberación sexual vino de la mano de las feministas de la segunda ola, en los años 60. Con la irrupción de la píldora anticonceptiva, las mujeres y cuerpas gestantes comenzaron a separar el sexo de la reproducción, el disfrute de la planificación familiar, el goce de la maternidad obligatoria.

En Argentina, desde el 2002 está la Ley 25.673 de Acceso Seguro y Gratuito a Métodos Anticonceptivos. Aunque muchos sectores se resistan a su aplicación, desde el 2006 rige la Ley de Educación Sexual Integral y desde diciembre del 2020 contamos con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que es la madre de las batallas para el movimiento feminista de este tiempo. Esta ley que dota de autonomía a gestantes es además la demostración de que el disfrute y la decisión sobre la sexualidad y las formas de vida no es un hecho privado que debe estar en el ámbito hogareño, si no una cuestión de salud pública y un derecho fundamental.

Lo personal es político

En su libro “Putita Golosa”, la periodista y escritora Luciana Peker propone “Un feminismo del goce”. En su introducción explica que “El deseo es el núcleo de la autonomía femenina. El deseo de no aguantar la violencia que no solo no cesa, si no que toma revancha hacia el “No” de las mujeres o hacia sus decisiones: irse con alguien, no irse, empezar a trabajar, salir a bailar, vestirse, desvestirse, ser madres o no serlo”.

Para las mujeres y las personas de la disidencia sexual, lo íntimo está muy lejos de ser algo que deba quedar en las cuatro paredes de los cuartos propios que muchas veces ni siquiera tenemos. Pretenden que la sexualidad sea una cuestión de la que “cada unx se ocupa por su cuenta”, que sea algo de “lo que no se habla”, o bien de lo que no hablen las mujeres y disidencias. Y esperan lo mismo de la violencia y del acoso: el silencio, la disciplina, que quede en casa.

“El orgasmo es una conquista femenina de hace muy pocos años. El poder también. Y, por algo, los dos molestan”, afirma Luciana Peker en una de las páginas de ese mismo libro donde analiza cómo era tratada la imagen de Cristina Kirchner cuando era presidenta, no por sus políticas ni por sus ideas, si no por gozar el ejercicio del poder, un goce asociado a una especie de perversión.

La doble vara no es ninguna novedad. Pero cuando el candidato de la ultraderecha, Javier Milei, habla de tríos sexuales y de sexo tántrico en los canales de televisión, todo son aplausos, o risas. Tampoco aparece ninguna asociación a la perversión ni al autoritarismo en ningún presidente o político varón que ejerce poder.

El terreno de lo público sigue siendo arena de disputa para las mujeres y disidencias, al igual que el ejercicio del poder, pero hay en Argentina un movimiento político, social y cultural que no está dispuesto a volver a ningún closet, nunca más.

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