Por Federico Chechele | A los integrantes de la comitiva presidencial que regresó de Europa no le alcanzaba la cara para sonreír cuando bajaban del avión en Ezeiza. La gira por Roma y Glasgow quizás haya sido el hecho político más importante de la actual gestión, más si se tiene en cuenta la pausa que generó la pandemia y la nula inversión durante el gobierno de Mauricio Macri.

Alberto Fernández se fue de Roma con una victoria política ya que los líderes del G20 apoyaron la revisión de sobrecargos del FMI y se abrió una puerta para que se otorguen mayores plazos a países de ingresos medios y bajos. Además de la reunión del Presidente con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, el ministro Martín Guzmán hizo lo propio con funcionarios del organismo en un convite que duró 12 horas. “Esta gente no pierde ni media hora si no tienen intención de acordar”, deslizaron desde el ala albertista del Gobierno, que recuperó aire luego de la gira europea.

La expedición se trasladó a Glasgow y allí se anunció el acuerdo verde. La empresa australiana de energía Fortescue Future Industries informó que invertirá US$ 8.400 millones en Argentina para producir hidrógeno verde. “Será la inversión internacional más grande del siglo en el país y generará más de 15 mil empleos directos y entre 40 y 50 mil indirectos”, dijo Alberto Fernández.

A su regreso, el Presidente también destacó la relación entre la Argentina y China, dijo que ambos países “ya se encuentran cooperando” y estimó que “el futuro sólo traerá una mayor unión y beneficio mutuo”. A la vez pidió “un comercio más abierto, justo y equilibrado” entre los países. Todo ganancia, vaticinaron alrededor de la figura presidencial.

Sobre el acuerdo con el FMI habrá que seguir esperando hasta dónde negociará el Gobierno las exigencias del organismo internacional, mientras todo el arco político mira expectante y de reojo. Los avances con China continúan. Y el acuerdo verde irremediablemente suena a despegue. La pregunta sobre cómo influirán estas noticias a ocho días de las elecciones no tiene una respuesta optimista. Los nueve puntos de diferencia a nivel nacional y los casi cinco en la provincia de Buenos Aires son difíciles de remontar en cualquier circunstancia y mucho más con la actualidad del país por más buenas noticias que se propaguen.

Envuelto en este contexto, el Gobierno avanza sin la tenacidad que se necesita ante esta crisis terminal que mantiene a la mitad del país bajo la línea de pobreza. De una u otra manera, la pregunta recurrente es: ¿si hay vencedores y vencidos tras el préstamo invisible del FMI y la pandemia, quién va a pagar la deuda? La respuesta debería recaer  sobre las empresas que más ganaron. Impuesto a las grandes fortunas permanente o gravámenes a los que tienen el dinero en el exterior (Argentina es el tercer país con más beneficiarios de cuentas “offshore”) y otras medidas en esa sintonía serían una buena señal para marcar el camino hacia los dos años que restan de mandato.

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Más allá de su excursión por los tribunales de Dolores, la capacidad de daño de Mauricio Macri se mantiene intacta, incluso en su propio espacio. Esta semana subió al pedestal de la derecha cavernícola y violenta a Javier Milei, avaló un acuerdo para el 2023 y sobre el economista dijo: “expresa las ideas que siempre he expresado yo”. La enorme exposición mediática de Milei arrojó los siguientes datos: considera al Estado como un enemigo; está en contra del aborto; no está de acuerdo con que la homosexualidad sea una enfermedad; está a favor del uso de armas; y está en contra del matrimonio como institución. Lo más cercano al siglo XIX que tiene para ofrecer hoy la Argentina.

Pero Macri fue más allá e incluyó a José Luis Espert: “Ojalá podamos confluir en 2023 con una lista única y que ellos se sientan cómodos de poder participar”. Con este escenario, el expresidente  comenzó la disputa con Patricia Bullrich para ver quién suma más personajes reaccionarios de cara a 2023. Para colmo, en su gira por Jujuy, la titular del PRO dijo que considera a Gerardo Morales como un “presidenciable” y volvió a tensionar hacia dentro del espacio.

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El desgaste que genera Macri con estas iniciativas a una semana de las elecciones repercute directamente en la estrategia que diseñó Horacio Rodríguez Larreta, quien se supone el gran ganador de este 2021. Con estos lanzallamas del ex mandatario, la más perjudicada es María Eugenia Vidal, destinataria directa a la hora de restar votos. Por ello, Martín Lousteau salió a cruzar la idea del expresidente y dijo que no se juntaría con Milei porque “es autoritario y si tuviera poder sería un problema”. Otro tanto hizo Ricardo López Murphy que armó una convención liberal para criticar a Milei: “La libertad se logra construyendo mayorías, no con aventuras individuales”.

Todas estas idas y vueltas que hacen a los armados electorales, posicionamientos o estrategias a futuro están enmarcadas en propuestas que se anuncian públicamente como la flexibilización laboral, el arancelamiento universitario, la eliminación de las indemnizaciones y la AUH, o limitar el derecho a huelga a casos excepcionales. Lo promulgan los más rancios, lo avalan los más moderados y todos piensan lo mismo.

Pero no están solos en esto de trasladarse en carretas y caballos. Esta semana, José Luis Lingeri, el eterno titular de Obras Sanitarias y miembro de la cúpula de la CGT, se mostró proclive a cambiar la doble indemnización en el que fue el primer guiño cegetista a las ideas de estos espacios.

 

Foto: Ámbito.com

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