Por Carlos Saglul | Desde Mauricio Macri al designado embajador de los Estados Unidos en Argentina, Marc Stanley todo el arco de la derecha clama por un plan económico “realista” en el marco de la firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El diplomático luego de burlarse comparándonos con un ómnibus turístico con las ruedas pinchadas dijo claramente “es responsabilidad de los líderes argentinos elaborar un plan macroeconómico para devolver la deuda, y aún no lo han hecho. Dicen que ya viene uno”. ¿Se habrá referido al plan que Alberto Fernández enviará al Congreso para su análisis junto a lo negociado por su administración en busca de un acuerdo para el pago de la deuda externa?

El presidente argentino prometió que a contrapelo de todos los acuerdos que firmó el FMI a lo largo de su historia, este no afectará el crecimiento del país, que ya sufre la tragedia de un cuarenta por ciento de sus ciudadanos viviendo en la pobreza. En un recordado discurso, el actual jefe de Estado prometió ante la Asamblea Legislativa terminar con las políticas que se tejen “en los sótanos de la democracia”. Nada se habló a lo largo de la última campaña electoral sobre la negociación de la deuda externa, como si no fuera el tema central que junto al reparto de la riqueza marca el destino del país.  No porque no estuviera en la superficie el problema dejó de existir. Seguro se siguió planificando sobre él, en los sótanos de la democracia, más oscuros que nunca.

La derecha avanza por sus aciertos pero también en base a los errores del contrincante. Algunos preguntan no sin cinismo, ¿hay alguna propuesta que no sea de derecha? Desde el oficialismo se plantea que hay en juego dos modelos de país. Esto no está claro entre las bases peronistas donde si mejoró la perfomance electoral del Frente de Todos en la última elección, fue por horror a una oposición más ultraderechizada que nunca y no por amor a una propuesta que bien comunicada, sabe diferenciarse e ilusionar con un futuro mejor.

¿Cuál es esa negociación con el FMI que plantea el presidente Fernández, garantiza no hundirnos más en la pobreza? ¿Cómo se plantea el gobierno mejorar la redistribución de la riqueza, revitalizar al mercado interno y lograr que lo grupos económicos monopólicos sigan ganando pero ya no a costa de aumentar los precios sino incrementando la producción, y el empleo? ¿Cómo se evitará que dejen de dolarizar sus ganancias para sacarlas del país  y  las vuelquen en la producción?  ¿Alguien la sabe ? Muchos sectores del Frente de Todos tienen su propuesta pero ¿el gobierno?

Se repiten las imágenes del presidente comiendo con empresarios para tratar de acordar como lo hace con la CGT conducida por los denominados “gordos”, los gobernadores y la oposición una postura común en materia deuda externa. Y cuando uno mira las fotos de los comensales entiende porque el gobierno jamás dio a publicidad la lista de banqueros y empresarios que utilizaron los dólares del FMI –lo admitió públicamente el ex presidente Mauricio Macri– para sacar sus ganancias del país. Seguro la comida caería indigesta, si siquiera mencionara la nómina y además, porque es difícil que semejante cantidad de dólares haya sido adquirida con fondos declarados. Son un puñado. El “Poder Real” como le dicen ahora.

¿Puede existir un acuerdo sin la conocida receta de una devaluación que ampliará aún más la ganancias de los grupos exportadores facilitando la dolarización y fuga de divisas? ¿Sera capaz el gobierno iniciar una reforma tributaria para que paguen impuestos los que más tienen, o por el contrario, volverá a echar mano a la suba de tarifas en beneficio de la empresas rapiñadas al Estado durante el menemato? Cupulas empresarias, CGT, gobernadores y oposición son los ingredientes que se huelen en la cocina. No parecen los componentes de un milagro culinario que enamore paladares “populistas”.

Si se repite la historia. Una nueva devaluación licuará salarios, reducirá el mercado interno, afectará a las pequeña y mediana empresa y a quienes producen para el mercado local y multiplicará la pobreza. De concretarse, la suba de tarifas abonará el mismo escenario recesivo ampliando hasta límites escalofriantes la concentración de la riqueza. Al tiempo, de caer en esta trampa, el gobierno habrá dado la razón a Mauricio Macri cuando señaló que la transición se había iniciado, pues perderá lo que le queda de capital político.

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