Redacción Canal Abierto | “Soy educador popular, periodista y participo en movimientos, los recorro en cada lugar al que voy”. Así se define Raúl Zibechi, a quien también podríamos caracterizar como intelectual, etiqueta que seguramente preferiría mudar por la de activista. 

Nacido en enero de 1952 en Montevideo, pasó su vida investigando y escribiendo sobre los procesos políticos de toda Latinoamérica. Desde hace tiempo viene observando y colaborando con movimientos y organizaciones sociales del continente. En particular, aquellos en los que la autonomía y la autogestión destacan como características necesarias para la construcción de lo que él llama “arcas, espacios que puedan sobrevivir y enfrentar el colapso” al que -asegura- nos conduce el actual modo de acumulación capitalista.  

En colaboración con el Programa de Investigación Conflictos Socioambientales, Conocimientos y Políticas en el Mapa Extractivista de la UNSAM, Canal Abierto viajó hasta la capital uruguaya para conocer más sobre su aguda visión de la realidad: el deterioro de los sistemas democráticos, la inestabilidad política en la región, la presente crisis socioambiental y los escenarios posibles de cara a las próximas elecciones en Argentina.  

 ¿Qué lectura haces de la actualidad política Argentina?  

– Gane quien gane, no va a cambiar el fondo. Sea uno u otro, será más o menos represión, más gatillo fácil o menos. Pero el gatillo fácil no va a desaparecer, como tampoco va a desaparecer el extractivismo. Parecen dos cosas separadas, pero si uno mira la línea histórica se da cuenta que la violencia institucional acompaña y es subsidiaria del despojo.   

Lo que predomina es la inestabilidad. Y en situaciones como esta, todo es posible: de que ganen los peores hasta que ganen los menos malos. El margen es estrecho y ninguno va a poder gobernar como quiere  

Gobierne la derecha o el progresismo, ningún gobierno va a tener posibilidades de estabilizar la situación. En el primer caso, porque puede darse una activación fuerte de los sectores populares; y en el segundo, lo que está pasando ahora.    

  

¿Ves posibilidad de respuesta desde los espacios institucionales y estatales?  

– Al Estado lo han debilitado enormemente, y eso hace que hoy no haya capacidad de respuesta razonable desde arriba. Eso nos conduce a un deterioro de las democracias y los regímenes de acumulación, con una fuga de capitales que cada vez es más fácil.   

Gobierne quien gobierne, nos están llevando a una situación de colapso e incapacidad de resolver los problemas. Y de creciente agrietamiento de nuestras sociedades. A mediano plazo, 10 o 20 años, esto dibuja un panorama muy duro, difícil.   

Hoy lo que está en juego es la comida, el agua y otros elementos centrales de la vida de las personas.    

  

Cuando hablas de colapso, ¿te referís a algo que ya está sucediendo y es más bien una advertencia?  

– Aunque uno esté en la lucha y acompañando procesos desde el optimismo de la voluntad, lo racional te dice que esto va para largo y va para mal. Yo sostengo que el despojo recién empieza: todavía hay mucho sobre el cual el capital especulativo puede avanzar. Por ejemplo, el 40% de las tierras de Brasil no están bajo control del agronegocio, pero sobre ese territorio avanza.   

La única alternativa es ponernos a trabajar en espacios de autonomía que en el futuro serán espacios de sobrevivencia. Es una mirada pesimista, pero con una luz al final del camino.   

  

¿Desde dónde crees que pueden surgir las alternativas políticas?  

– Los llamados movimientos están muy golpeados y con menos credibilidad que antes. Basta con pensar la crisis de 2001 en Argentina y la actualidad.   

En este sentido, mi visión es que la inercia de la cultura política, incluso de los sectores populares, es muy grande. Transitar hacia formas nuevas de organización, más autónomas y menos dependientes de los Estados y de la agenda oficial, es cada vez más difícil. También es cierto que hay sectores que sí están transitando ese camino, sobre todo a nivel rural.  

El otro día salió un dato sobre la cantidad de emprendimientos sostenibles en Argentina, y superan los cuatro mil en todo el país. Pequeñas iniciativas de producción agroecológica, sostenimiento de la vida desde otro lugar que no es el agronegocio. Eso está creciendo, pero creo que aún no llega a conformar una masa crítica suficiente para torcer las formas de producción dominantes.   

También sucede en otros espacios de la vida, como en ese universo de medios de comunicación alternativos que son autónomos, o que buscan la autonomía. Son procesos que generan optimismo, porque si bien seguimos siendo minoritarios, ya no somos marginales. Todo el mundo sabe que existe eso.    

Creo en la necesidad de construir arcas. Es decir, espacios que puedan sobrevivir y enfrentar el colapso. Es difícil, pero hay que intentarlo porque es de las pocas salidas que nos quedan.  

  

¿En qué tipo de experiencias o construcciones estás pensando cuando hablas de “arcas”?   

– El mayor espacio autogestionado que tenemos hoy en América Latina, y probablemente en el mundo, es el zapatismo. ¿Es suficiente? No lo es. Tendría que haber una multiplicación enorme de ese tipo de experiencias, algo que está sucediendo en Europa y nuestra región, pero de forma muy lenta.   

A las complejidades intrínsecas de una construcción colectiva como es el zapatismo, se suman otras dificultades externas como la militarización, que en México es tremenda y la lleva a cabo un gobierno progresista.   

 

Entrevista: Diego Leonoff y Cecilia Gárgano  

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