Redacción Canal Abierto | El movimiento de ocupación, resistencia y puesta en producción de empresas argentinas por parte de sus trabajadores quizás sea de los más reconocidos a nivel mundial.

Aunque identificado con la crisis de 2001 y los turbulentos meses que le siguieron, es posible rastrear empresas recuperadas por sus trabajadores (ERT) mucho tiempo antes de aquella eclosión social conocida como “Argentinazo”.

Sin embargo, fue al calor de esos años que se forjó el movimiento, con su particular identidad y relativa masividad (entre 2001 y 2003 se recuperaron aproximadamente unas 150 fábricas de todo tipo).

«Hay condiciones que conspiran contra esos procesos: una es el contexto económico -aunque los años posteriores a 2001 tampoco eran un paraíso- y otra es la actitud del Gobierno”

Más cerca en el tiempo, desde la asunción de Cambiemos en diciembre de 2015, el número de empresas recuperadas continuó creciendo, aunque en menor medida: en poco más de tres años pasó de 367 a 384, según un informe de fines del año pasado del programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires.

“En un contexto de tanto cierre de empresas y por la experiencia acumulada de la clase trabajadora argentina, uno se pregunta por qué no hay todavía más empresas recuperadas”, indaga el docente, investigador y director del programa interdisciplinario que estudia y asesora a empresas recuperadas, Andrés Ruggeri. “La respuesta es que hay condiciones que conspiran contra esos procesos: una es el contexto económico -aunque los años posteriores a 2001 tampoco eran un paraíso- y otra es la actitud del Gobierno”.

Aunque Mauricio Macri y voceros del Gobierno se esfuercen en buscar razones externas para la situación actual, las recetas económicas de Cambiemos fueron las que condujeron a esta profundización de falencias productivas existentes y a una crisis que golpea de lleno en la industria.

«En nuestro país no existen las herramientas suficientes para que los trabajadores se hagan cargo de la empresa y se conviertan en propietarios”

Según el Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior (Ocipex), la producción manufacturera argentina registró en 2018 un descenso interanual del 7,2%, el más alto entre cerca de los 80 países estudiados por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). En el ránking negativo, casi dos puntos por debajo de Argentina, sigue Kazajistán.

“El surgimiento de una ERT nunca es un proceso alegre y sencillo: siempre son conflictos agudos, donde la gente que la protagoniza se ve en la disyuntiva de decir hacia dónde va a ir su vida”, cuenta el antropólogo y director de Facultad Abierta, quien identifica como problema que “para la legislación argentina el socio de una cooperativa es una suerte de cuentapropista o, como hoy le gusta decir al Gobierno, un pequeño empresario o microemprendedor”.

“A diferencia de un empresario capitalista, las recuperadas no son sujetos de financiación»

“Otro cuestión que observamos, quizás la más central, es la disputa de la propiedad: en términos legales, en nuestro país no existen las herramientas suficientes para que los trabajadores se hagan cargo de la empresa y se conviertan en propietarios”.

Otro problema que aqueja a las ERT es el vinculado a la dificultad del acceso al crédito: “a diferencia de un empresario capitalista, las recuperadas no son sujetos de financiación. Por eso muchas veces se las acusa de depender de los subsidios. ¿Cómo no van a depender si no pueden hacer muchas de las operatorias que hace el empresariado? El sistema, la legislación y la burocracia están pensados para la empresa capitalista, y nunca para cooperativas o recuperadas”.

 

La solidaridad

“Es fundamental el rol de organizaciones sociales, de los vecinos o algunos sindicatos en el respaldo y apoyo de las empresas recuperadas. Sin ese entramado solidario es muy difícil lograr formar y sostener una cooperativa, hay que ir contra de mucho: el sentido común, la legislación, el interés del empresariado, los jueces, etc.”.

“Para Cambiemos no hay lugar para las empresas recuperadas, son un contrasentido»

“Un ícono al respecto es el Hotel Bauen que, a diferencia de la mayoría, logró una Ley de Expropiación. Pero cuando lo logró, asumió el nuevo Gobierno y le quedó la pelota a Macri para hacer algo que –supongo- debe darle mucho placer, vetar la expropiación”, lanza Ruggeri.

 

La hostilidad de Cambiemos

“En tiempos de Menem, De la Rúa o los kirchner hubo una suerte de indiferencia gubernamental para con las empresas recuperadas. Ahora, este Gobierno tiene una mirada negativa de los procesos de recuperación de empresas. Lo expresó el propio Presidente a través del decreto que vetó la expropiación del Hotel Bauen, o cuando acusó de usurpadores a los periodistas de Tiempo Argentino que habían sido estafados por los dueños del medio”, recuerda el investigador, y agrega: “Por un lado es una cuestión ideológica, pero también es porque su programa de gobierno implica una transformación de la matriz y a reducción del entramado productivo de la economía argentina”.

“Para Cambiemos no hay lugar para las empresas recuperadas, son un contrasentido. Lo que favorecen es que esa gente se arregle como pueda, en general precarizándose a través del emprendedurismo: manejar un Uber, pilotear drones, hacer cerveza artesanal, etc.”.

“En Facultad Abierta comparamos la línea histórica de recuperaciones con el Producto Bruto Interno y encontramos una correlación. Cuanto más caía la economía, mas casos de recuperadas. Esa tendencia se altera con el macrismo, donde caen ambos registros. Y eso se explica por la política hostil de Cambiemos”.

 

ENTREVISTA COMPLETA

Entrevista: Diego Leonoff

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