Redacción Canal Abierto | El lunes posterior a las PASO, pasadas las 16, desde la casa de Gobierno y sentado junto a su compañero de fórmula, Mauricio Macri se mostró enojado. “Si había muchos que estaban con bronca, a partir de lo que pasó hoy en los mercados, las cosas no van a mejorar, lamentablemente. Tenemos que entender que el problema mayor que tenemos hoy los argentinos es que la alternativa al Gobierno, la alternativa kirchnerista, no tiene credibilidad en el mundo. Debería hacer una autocrítica el kirchnerismo y tratar de resolverlo”, dijo en una alocusión memorable por lo insólita que, en resumidas cuentas, le echó la culpa de la debacle económica actual y futura al electorado que no lo eligió.

Nora Merlin es psicoanalista, escritora, docente, y una especialista en vincular el psicoanálisis y la política. Discípula del filósofo Ernesto Laclau, la investigadora de la Universidad de Buenos Aires es autora de libros como Populismo y Psicoanálisis y Colonización de la subjetividad, donde desarrolla esta relación y aborda cómo el poder configura nuestra forma de pensarnos.

Consutada por Canal Abierto sobre las lecturas posibles de ese discurso y el que emitió ayer para anunciar un paquete de medidas con aroma electoral y sabor a poco, la especialista habló sobre la manipulación de los afectos, el rol de la culpa, del castigo, y la violencia simbólica hacia la población que subyace en el mensaje del Presidente.

Vos solés trabajar cómo el neoliberalismo construye subjetividades propias, sujetos que tienen la culpa de todo y nunca dan la talla. ¿Ves huellas de esa idea en el discurso de Macri?

-El discurso del lunes fue de culpa. Encontramos un presidente muy nervioso, muy enojado, con un enojo antidemocrático porque es un enojo culpabilizando a los votantes que eligen otra cosa. La culpa es un recurso que esta gestión de gobierno neoliberal ha usado mucho. Cuando hay un Estado que no se hace responsable, que no se hace cargo de su gente sino que responde a los bancos o a los organismos financieros, entonces la culpa es del sujeto. Lo que encuentro es una crisis de representación porque son representantes que no representan. Porque mintieron y no cumplieron el contrato electoral: ganaron diciendo otra cosa. En ese sentido ya hay una estafa. En este momento representan a los organismos financieros. Entonces, cuando no se cumple con la responsabilidad, se proyecta la culpa, el otro es el culpable.

“El discurso del miércoles, el segundo, es típicamente del violento. El violento culpabiliza, demoniza, golpea y después viene el arrepentimiento. El discurso del Presidente fue ‘estaba nervioso, perdón, no quise decir lo que dije, de ahora en adelante van a cambiar las cosas’. Y lo que da son dádivas. Como si fuésemos objetos, no ciudadanos de derecho. Hay mucho de violencia simbólica y es un bullying social”.

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¿Por qué creés que en discurso del lunes el Presidente habla como si fuera la oposición y le pide autocrítica a la fuerza ganadora?

-Es el mismo mecanismo, poner la culpa en el otro. Y la culpa viene con el castigo. No es casual lo que pasó el lunes, respecto del dólar y de ese terrorismo económico que se desató. Viene de la mano del castigo: quieren disciplinar a la sociedad. Es decirle «si no cumplís conmigo, te va a ir mal, o vas a ser Venezuela» que es el cuco con el que nos asustan.

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Muchas feministas hicieron un paralelismo entre algunos pasajes del discurso de Macri y el discurso del violento, ¿vos qué pensás al respecto?

-Estoy completamente de acuerdo. Inclusive el discurso de ayer, el segundo, es típicamente del violento. El violento culpabiliza, demoniza, golpea y después viene el arrepentimiento. El discurso del Presidente fue «estaba nervioso, perdón, no quise decir lo que dije, de ahora en adelante van a cambiar las cosas». Y lo que da son dádivas. Como si fuésemos objetos, no ciudadanos de derecho. Hay mucho de violencia simbólica y es un bullying social. Yo no estoy diciendo que el Presidente sea violento, estoy diciendo que el discurso, su contenido, es violento.

Es que es una ideología antidemocrática ésta. Porque ellos dicen que son neutrales, que no tienen ideología, y no se puede no tener ideología, eso es mentira. Lo que pasa es que es una ideología muy complicada porque rechaza la política. Y se convierte en un totalitarismo, con discurso único. Si es una ideología que rechaza la política convierte al adversario en un enemigo, y la herramienta en lugar de que sea el debate es la demonización y el odio.

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En 2017, el Gobierno impulsó una estrategia parecida al paquete de hoy: bajó dinero, planchó los tarifazos. Y les funcionó. ¿Pensás que puede pasar lo mismo y dar vuelta el resultado electoral?

-Estos cuatro últimos años se articuló una resistencia muy interesante y lo que pasó el domingo no es para nada casual. Es una rareza, si uno evalúa otros gobiernos latinoamericanos, que vienen y se quedan muchos años porque cuentan con una concentración económica, judicial, militar, mediática de la que el campo popular carece. Pero acá la oposición construyó una política de la resistencia. Aprendió a deconstruir los mensajes comunicacionales, las operaciones. Yo no le creemos nada al Gobierno.

Creo que el pueblo tomó conciencia, y el pueblo argentino es muy particular. Tiene una historia de luchas importantes que no se pueden anular. Uno de los problemas que cometió el cuerpo social es que se dividió. Y me parece que en estos años tan traumáticos hubo una angustia social que en lugar de llevar a la depresión o a la impotencia o al escepticismo, llevó a un deseo de volver mejores. Eso aparece en la oposición, primero como un cantito en el kirchnerismo pero ahora lo cantan todos y condensa el deseo de volver de otro modo. A los golpes y con mucho sufrimiento se aprendió que el camino es la unidad. Éste pueblo es un pueblo digno y esto se demostró el domingo.

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¿Es muy apresurado suponer que el Presidente se enojó porque, viniendo de donde viene, no está acostumbrado a las derrotas?

-Estoy de acuerdo con ese diagnóstico, que no es de personalidad sino de clase social. La derecha no es democrática y no saben perder aunque no lo admiten. Ellos se autodenominan republicanos, pero un republicano no hace los golpes, las operaciones de persecusión y demonización a muchos líderes sociales.

La gente que gobierna retiene el poder, tiene miedo. La derecha es conservadora, no quiere soltar. No vienen de la política y lo que pasó el domingo se trata de un triunfo de la política y un fracaso del marketing.   

 

Foto: Leandro Teysseire (Página/12)

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