Redacción Canal Abierto | En 2011, Mauricio Macri –entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad– adquirió sin licitación previa al Metro de Madrid 36 vagones que estaban fuera de circulación en España. Luego SBASE (Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado), continuó comprando más unidades. Son los modelos CAF 5000 y CAF 6000, utilizados en la Línea B.

Hace un año, el presidente de SBASE, Eduardo de Montmollin confirmó que las formaciones compradas contenían asbesto. Ante esto, resolvieron convertir esos subtes en chatarra. Así, la falta de investigación sobre las unidades adquiridas resultó en €4.000.000 de hojalata.

Sin embargo, recién ahora el funcionario se animó a reconocer -en una entrevista a CNN- que la Ciudad tenía conocimiento de la presencia del mineral cancerígeno al momento de su compra. “En teoría, los técnicos de sbase… no puedo garantizar que se hayan leído absolutamente todas y cada una de las páginas de los manuales técnicos pero la posición conceptual es que asumimos que, si en la documentación figuraba algo, el metro de Madrid había tomado ya medias y que lo que estaban vendiendo ellos estaban en condiciones de vender”, aseguró Montmollin a la cadena de noticias.

Si bien desde un primer momento los trabajadores advirtieron sobre los peligros para la salud, el Gobierno de la Ciudad hizo todo lo posible por tapar el riesgo inminente. Incluso luego de que se conociera que las formaciones enfermaron a cuatro operarios del subte de Madrid, dos de los cuales fallecieron este año, y a 11 trabajadores de la línea B de Buenos Aires.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) asegura que la exposición al asbesto puede causar cáncer y que los síntomas “pueden tardar muchos años en desarrollarse después de la exposición”.

La prohibición del amianto o asbesto (en sus distintas variantes) es legal en más de 50 países. En Argentina, la prohibición de su uso efectuada en los años 2000 y 2001– sólo impidió su utilización en nuevos productos fabricados, ya que no han existido planes de retiro en los lugares donde ya se estuvo utilizando.

Aunque la principal vía de penetración de las fibras de asbesto en el organismo sea la respiratoria, también puede entrar por vía digestiva. No se sabe con exactitud, pero se cree que cuando tragamos la materia mucosa con contenido de fibras de asbesto, éstas pueden quedar atrapadas en los intestinos y de ahí pasar al peritoneo o recubrimiento del abdomen.

El material se vuelve más riesgoso con el paso del tiempo y, sobre todo, cuando se descompone y entra en contacto con el aire.

Una sola fibra de asbesto puede enfermar. Son huecas y muy livianas y por eso se mantienen suspendidas en el aire. Cuando un ser humano las respira, se contamina. Los síntomas pueden tardar entre 30 y 40 años en aparecer y, cuando se producen, el desenlace es la muerte a corto plazo.

La Organización Internacional del Trabajo informó que hay un 32% de muertes laborales por cáncer en el mundo. La Organización Mundial de la Salud, dio cuenta de que un tercio de esas muertes son a causa del asbesto. En función del cruce de esos datos, más de 249.000 personas mueren por asbesto en su lugar de trabajo, por año en el mundo.

 

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