Redacción Canal Abierto | Ayer, comenzaron las clases en casi todo el país. Casi, porque no fue así en cinco provincias, pero tampoco en la Escuela Infantil Nº 6 de la Ciudad de Buenos Aires, que funcionaba en el mismo predio que el Hospital Ramos Mejía, en el barrio porteño de Balvanera.

Se trata de un plan del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta que comenzó a fines de 2018 y fue, desde entonces, resistido por la comunidad educativa, los docentes y el personal de la escuela y el hospital. Consistía en la desaparición del establecimiento educativo de modo progresivo hasta concluir este año. El jardín se mudaría al edificio que comenzó a construirse en la manzana 66, en el mismo barrio, pero que aún no está terminado.  

“Es un desastre lo que hicieron: cerraron un jardín que funcionaba, trasladaron a chicos y docentes a una obra en construcción y, como no se terminó, demoraron el inicio de clases. Es una agresión absoluta a los derechos del niño”, relata Laura Valdés, mamá de uno de los niños que transcurrió su escolaridad en el jardín del Ramos Mejía y que pelea contra el desalojo.

Las explicaciones sobre el porqué de la mudanza faltaron desde el comienzo. “Primero nos dijeron que el edificio se está viniendo abajo, lo que es mentira, porque cuando en 2017 pedimos que se hicieran arreglos, el Ministerio de Educación dijo que estaba todo bien –agrega Laura-. Después nos confirmaron directamente, en una reunión del Gobierno de la Ciudad con los vecinos, que quieren cerrar todos los jardines de los hospitales, que tienen maternal, de 45 días a 2 años. En el Ramos, lo primero que quisieron hacer fue cerrar la sala de lactarios. No lo hicieron porque dimos la pelea y un juez lo impidió”.

Pese a ello, en diciembre hubo un intento furtivo de mudanza del jardín que los trabajadores del hospital lograron detener. “Ese día se labró un acta de la que participaron los gremios docentes y Sutecba, donde el Gobierno de la Ciudad se comprometió a abrir una mesa de diálogo para evaluar cómo continuaba el tema del jardín, pero la reunión nunca se hizo, el Ministerio nunca la convocó”, señala Mariano Pasi de la CTA-A Capital regional centro, que participa de la multisectorial que lleva adelante la lucha para impedir el cierre.

 

Las vacantes

El conflicto del traslado, además de demorar el inicio de clases, se inscribe en una situación más compleja que abarca a todo el territorio porteño: según los últimos datos que otorgó el Ministerio de Educación porteño, de 2017, la Ciudad tenía un déficit de 10.958 vacantes en el nivel inicial. Proyectado, esa cifra llegaría a 15.000 en la actualidad.

“A ese número lo sumamos 10.000 más que asisten a los centros de primera infancia”, aporta Patricia Pines, de la organización Vacantes para todxs, que pelea por que el Gobierno de la Ciudad les garantice a los más chicos el derecho a la educación que por ahora les niega. Desde allí, llevan presentados alrededor de 500 amparos judiciales.

Y es que la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, en su artículo 24, “asume la responsabilidad indelegable de asegurar y financiar la educación pública estatal, laica y gratuita en todos los niveles y modalidades, a partir de los cuarenta y cinco días de vida hasta el nivel superior, con carácter obligatorio desde el preescolar hasta completar diez años de escolaridad, o el período mayor que la legislación determine”. Artículo que la Ciudad incumple cada año.

“No hay datos oficiales por comuna, pero en cada una hay una o dos escuelas infantiles (que reciben niños de 45 días a 5 años) y en ellas hay el mismo número de matriculados que de niños y niñas en espera.  Por ejemplo, en el Ramos, el año pasado había cerca de 350 alumnos y 350 en espera”, agrega.

En efecto, de las 30 escuelas que la gestión de Larreta se comprometió a construir, a febrero del año pasado 16 estaban en obra, 11 fueron finalizadas y las restantes no se habían comenzado, según datos de Chequeado.com.

El jardín nuevo de la manzana 66 iba a ofrecer 400 vacantes más. Pero con el traslado del Ramos Mejía, quedan 50. Es más: no sabemos si las hay, porque no tenemos noticias de que se haya ampliado el cupo de las 350 vacantes que había en el Ramos”, asegura Valdés.

Este lunes se realizó una protesta en la manzana 66 donde asistieron muchas familias que esperan una solución urgente.

 

Los trabajadores

El traslado significa, también, un perjuicio laboral para varias de las trabajadoras involucradas.

Por un lado, las del hospital. “El nuevo jardín está a seis cuadras del Ramos Mejía, con lo cual las trabajadoras del hospital que antes podían atender a sus hijos en el lactario, deberían trasladarse. Y tener un lactario en el predio está dentro de su convenio colectivo de trabajo”, aporta Pasi.

Por el otro, las del jardín. “En el Ministerio de Educación prometieron que iban a respetar todos los cargos, pero a las auxiliares docentes, las que hacen la limpieza, de un día para el otro y hace una semana las reasignaron a otros lugares. Es gente que hace 25 años que está ahí, los chicos las conocen, ellas conocen a los docentes. Les avisaron que, en su lugar, va a venir personal tercerizado, gente que va a entrar a las aulas, que va a estar en contacto con las cosas de los nenes”, comp.eta Valdés.

En teoría, el jardín estaría inaugurado este miércoles, pero las condiciones en las que éste comience a funcionar son inciertas porque la obra no está terminada.

Entretanto, Larreta se posiciona como líder de la oposición con su gestión en la Ciudad como mascarón de proa.

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