Redacción Canal Abierto | La pandemia del coronavirus ha despertado miedo y preocupación en gran parte de la sociedad. Pero también ha puesto en evidencia el gran espíritu solidario que vive en las personas. Barbijos, comidas, respiradores, forman parte del gran abanico desplegado en estas semanas.

Una de estas expresiones es la que llevan adelante jóvenes impresores de 3D en la localidad de Olavarría que se encuentran imprimiendo mil máscaras de protección para el personal de salud del hospital municipal.

Es justamente con el apoyo del municipio y del Club Social de Innovación de Olavarría que estos impresores pudieron encausar esta iniciativa y concretar el objetivo. En diálogo con Canal Abierto, Fernando Martin, integrante del grupo inicial de este proyecto, contó cómo surgió la idea.

“En una convención de impresores, el municipio nos propuso que en el año se hagan una o dos impresiones solidarias. Con la pandemia avanzando, pensamos hacer algo que ayude en este momento. Inicialmente íbamos a hacer barbijos, pero estos no aseguran la protección contra un germen. Hicimos pruebas de barbijos en impresión 3D y vimos que la adaptación a las caras es complicada. Además, para varones y mujeres tienen que ser distintos. Factores como la porosidad, la limpieza y conseguir material filtrante para poder respirar hizo que optáramos por las máscaras”, comentó Martin.

Para comenzar, crearon un grupo de Whatsapp donde se debatió cuál era la mejor opción de máscara. Una vez elegida, se envió al hospital para ser testeada y desde allí les dieron el OK. A esto le siguió la pregunta ¿cuántas necesitan? 1.000 fue la respuesta.

“Ahí empezamos a ver cuánto material se necesitaba y a coordinar con los impresores locales. Se hizo una difusión masiva. Distribuimos el programa de lo que estábamos haciendo junto con un formulario web donde los interesados debían colocar cuántas impresoras tenían, en qué localidad estaban y cuánto material tenían disponible para imprimir”, relató Martin.

El formulario fue llenado por 48 impresores. “Nadie podía creer que en Olavarría –una ciudad de 140.000 habitantes- haya tantas impresoras 3D”, dijo Martin. De todas estas, se quedaron con 30. A cada una se les dio un kilo de material y con eso deben devolver 30 impresiones.

Kioscos, librerías y ferreterías donaron elásticos, pegamento y goma eva, que forman parte de la máscara. También hay gráficas que se encargan de cortar el plástico protector.

La logística para repartir el material está a cargo del municipio, la policía local y el ejército. El mismo ejército se encargará de retirar las impresiones y los materiales, ensamblar y entregar al hospital las mil máscaras terminadas. El hospital va a asignar al personal y a cualquier profesional que lo requiera. “Nosotros no nos estamos moviendo de las casas”, resalto el joven impresor.

Como lo bueno suele reproducirse, hay muchas ciudades donde se están impulsando movidas similares. “Ante las consultas, hicimos un resumen y lo compartimos. Nos llegaron preguntas desde Tandil, Necochea, Bolívar, incluso nos pusimos en contacto con gente de Bolivia”, dijo Martin.

Y agregó: “La solidaridad está en el gen argentino. Con este grupo lo que hicimos fue encausar esa solidaridad y hacerla real y concreta. Personalmente, cuando empezó esta pandemia, pensé ¿qué puedo hacer yo para ayudar en esto? Al tener los contactos y el apoyo del municipio fue más fácil lograrlo”.

Actualmente, el grupo se encuentra en la fase final de impresión. Consultado sobre la continuidad de esta iniciativa solidaria, Fernando Martin informó que si las máscaras llegaran a ser insuficientes, o si otra ciudad las necesita, piensan seguir avanzando con ello.

Además, dio a conocer otro proyecto en el que trabajan: “Hay un proyecto paralelo que es la generación de respiradores artificiales para los hospitales. Ya hay gente resolviendo la parte técnica. Lo que nosotros vamos a hacer es estar a disposición de ese grupo para ver qué es lo que necesitan. En principio ayudamos en la generación de prototipos para que otras industrias produzcan las piezas, como los engranajes, que hechas con una impresora 3D puedan fallar o tener algún defecto. Lo que está en juego es la vida de las personas y queremos ser responsables con eso”.

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