Por Manuel Rodríguez | Para los lectores mas jóvenes las medidas de precaución para evitar la propagación de una pandemia les son totalmente novedosas. Esto es porque seguramente la sigla H1N1 no les significa demasiado. No recordarán lo que fue la Gripe A y las semanas que vivimos en peligro durante junio y julio de 2009.

Otros serán un poco más grandes como para tener presente esa situación, pero tal vez no tanto como para rercordar que en febrero de 1999 Peligrosos Gorriones se despidió del público en el Showcenter de Haedo.

Dejemos por ahora estos datos, pero tengámoslos a mano, cobrarán significancia dentro de unos párrafos.

En 1991, el bajista y cantante Francisco Bochatón, el guitarrista Guillermo Coda, el tecladista Martín “Cuervo” Karakachoff y el baterista Rodrigo “Rocky” Velázquez dieron forma a Peligrosos Gorriones en La Plata. Rápidamente lograron notoriedad en el circuito local, presentándose en reductos emblemáticos de la cultura rock platense como el Boulevard del Sol, Cafetal, La Rosa de Cobre o la Casa del Pueblo. A la vez, iban tejiendo relaciones con otras bandas emergentes como Los Brujos, Babasónicos, El Otro Yo o Tía Newton, logrando instalarse en la escena del momento, que contaba con la bendición de referentes como Gustavo Cerati o Daniel Melero, que oficiaban de productores de los discos.

En mayo de 1993 participaron con muchas de esas bandas -cuyas canciones ya empezaban a plasmarse en discos que llegaban a las bateas de las disquerías-, en el Festival del Nuevo Rock Argentino en Córdoba, siendo el único grupo que fue sin tener material editado aún. Volvieron de la provincia mediterránea con la propuesta de contrato de grabación de su disco debut por parte de DG Discos, el relanzado sello del empresario del rock estrella del momento, Daniel Grimbank.

Así fue como en octubre de 1993 vio la luz el debut homónimo, producido por Zeta Bosio, bajista de Soda Stereo. El trabajo no pasó desapercibido ni para el público, ni para sus pares ni para la crítica, quedando ubicados como banda revelación en las distintas encuestas que revistas especializadas y suplementos jóvenes realizaban todos los fines de año. A ese disco le siguieron dos más: Fugan en 1995 y Antiflash, en 1997. Mientras empezaban a trabajar en los demos de lo que sería su cuarto disco, definieron dejar de funcionar como banda y cada cual siguió con otras propuestas.

Hagamos un salto en el tiempo: el año es 2009 y Bochatón está consolidado como solista, Guillermo Coda se encuentra al frente de Miles, el Cuervo Karakachoff mete magia a través de su teclado en el grupo tecno multimedial Bazaar, y Rocky agita los parches en Pájaros.

La noche del 23 de octubre de ese año quedará en los libros del rock argentino como la velada que bajo una lluvia torrencial, Charly García retornó a los escenarios tras la enésima recuperación de sus adicciones, esta vez esponsoreado por Palito Ortega. Pocos registrarán que, a unos 60 kilómetros del Amalfitani, otra leyenda también marcaba su regreso. Es ahora donde los datos de mas arriba toman importancia y se entrelazan. Pero tomémonos unos renglones más para contextualizar.

Todo esto ocurrió unos meses después de un hecho que se asemeja con la actualidad. La pandemia del H1N1 o Gripe A también fue vivida en nuestro país. La misma tuvo lugar entre fines de junio y julio de 2009 y explotó inmediatamente pasadas las elecciones de medio término, que habían sido adelantadas de octubre a junio. Son los comicios signados por las candidaturas testimoniales, y como los que Néstor Kirchner perdió por escaso margen contra el empresario Francisco de Narvaez, cuya consigna de campaña más recordada fue “Alica alicate”.

La versión criolla de la pandemia no obligó a la cuarentena de toda la población, pero sí vio afectado el funcionamiento de distintas áreas que implicaban la conglomeración de mucha gente en espacios reducidos, como las actividades culturales. Así fue que durante unas semanas todas las obras de teatro, recitales y fiestas se cancelaron o pospusieron hasta nuevo aviso. Suena bastante actual, ¿no?

“En ese momento habíamos acordado una fecha en el Ayuntamiento con Pájaros, Camión y Miles. Fuimos a hablar al boliche y quedamos en que se suspendía. Era todo muy reciente y no se sabía bien que hacer, pero ante la duda, las autoridades pedían que se suspendan recitales y reuniones. Nosotros nos quedamos con esa data”, recuerda hoy ante Canal Abierto Guillermo Coda, guitarrista de Peligrosos Gorriones, en ese momento al frente de Miles.

 

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Pasado el brote, la vida retomó su normalidad y los eventos pospuestos se empezaron a reprogramar. “Llegó octubre y en ese momento Pablo, uno de los chicos que organizaba en el lugar, me llama y me propone reflotar esa fecha. Me aclara que Camión no podía tocar, pero me propone llamar a Francisco (Bochaton) y sumar a la banda que el Cuervo tenía con Juan Pedro Luzuriaga y Buki de Camíón. Me pareció una buena idea y él, ni lerdo ni perezoso, hizo un afiche con un pajarito”, cuenta el guitarrista.

“Finalmente se habló con Francisco y con el Cuervo, yo hice lo propio con Rocky contándole lo que iba a pasar. Y, de repente, nos encontramos los cuatro gorriones por separado en un mismo boliche por primera vez en 11 años, ya que nuestro último ensayo fue en diciembre de 1998”, agrega.

Llegó la noche en cuestión y Coda afirma que el reencuentro en el escenario “decantó solo. Era un día raro porque llovía, pero en El Ayuntamiento había mucha gente. Casi todos eran amigos, porque cuando se enteraron quienes tocaban, se arrimaron a ver qué podía pasar”. Tras las presentaciones de Bazaar, Miles, Pájaros y Bochatón los cuatro ex Gorriones se subieron al escenario.

“Sin haber ensayado nada en 11 años nos subimos y tocamos 5 temas. Nadie lo había ni pergeñado ni nada, fue una astucia del productor. Cada vez que lo veo le digo que él y la gripe A son los responsables de que los Gorriones hayan vuelto”, bromea Coda.

El músico aclara que ese reencuentro fue el primero sobre un escenario, pero que ya se habían encontrado unos meses antes, para conversar sobre cuestiones referidas al costado burocrático de la creación artística. “En ese momento de nuestras vidas, ya pisando todos los 40, de alguna manera ya habíamos hecho las paces. Al Cuervo y a Rocky me los cruzaba seguido. A Francisco no, salvo una vez, en el verano de ese 2009, en una reunión en la casa de Rocky. Pero fue antes, no había Gripe A ni existía la posibilidad de volver a tocar. Era por una cuestiones de derechos de autor y una cintas que querían sacar sin nuestra autorización. En definitiva, fue una casualidad que a principios de ese año tuviéramos que resolver algo que al final no sucedió, que era la edición de unos conciertos. Después no nos volvimos a ver los cuatro juntos hasta el día de ese recital que nos juntó y fue el repechaje del concierto que había levantado la gripe A”, concluye Coda.

 

 

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