Redacción Canal Abierto | Fernando Buen Abad Domínguez es especialista en filosofía de la comunicación y política, periodista y director de cine entre otras muchas cosas. Integra el Consejo Consultivo de Telesur y dirige, en Argentina, donde vive hace varios años, el Centro Universitario para la Comunicación Sean MacBride de la Universidad Nacional de Lanús.

Su mirada sobre la importancia de la nueva relación Buenos Aires-DF que inauguraron Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador antes del recambio presidencial en nuestro país, resulta un valioso disparador para intentar observar cuales son las posibilidades de salir de la crisis que generó la pandemia, mirando hacia adelante.

“No recuerdo cosa más hipócrita que ver a tipos como Macri o Donald Trump abogar por la asistencia médica a los pueblos. En esa emboscada ideológica hay un trabajo que se debe hacer”, anota.

Con el foco puesto en las maniobras ventajeras de los poderes dominantes, en las alternativas que plantea la compleja situación para las clases obreras y sociales postergadas, en la capacidad que tienen las empresas de medios para borrar las virtudes de la democracia y en la necesidad impostergable de generar un cambio revolucionario en las políticas comunicacionales a nivel regional, transcurre esta conversación con Canal Abierto.

¿Es necesario, o posible, pensar en la posibilidad de un nuevo orden global post coronavirus?

– La propia aparición de esta pandemia ocurre en el contexto del desarrollo mismo del capitalismo, no es un problema ajeno a la crisis general del capitalismo, y lo que ha hecho es agudizar contradicciones internas del sistema que hoy se muestran con toda su desnudez.

Un modelo que no ha invertido jamás lo necesario, por ejemplo en salud pública, que se ha desentendido casi totalmente del cuidado de la salud de los pueblos, obviamente tenía que reventar ante un caso como este. Si esto va a modificar el futuro de la humanidad, si está cambiando las vidas, yo anhelo que sí, porque lo peor que nos puede pasar es tener desnudo al sistema y que ni siquiera nos percatáramos. Por lo demás, las transformaciones no dependen del sistema que produjo esto, y esa es otra de las disquisiciones que hay que plantear, con qué modelos alternativos, con qué salidas organizadas se puede superar esta situación.

¿Cree que la situación puede representar un impulso para las luchas de las clases trabajadoras y los sectores postergados?

– Estoy convencido que sí. La clase trabajadora tiene un instinto que le permite identificar su papel en las distintas circunstancias. Pero tampoco es tan simple ni mecanicista el problema, porque por otro lado también el establishment se las ingenia para generar sus propios sistemas de defensa. Entonces también se pone en evidencia algo que ha venido siendo nuestra debilidad histórica, en las fuerzas de izquierda y demás, que es la crisis de dirección revolucionaria. Sin orientación y organización, esta gran fuerza que se multiplica en el mundo entero, se puede diluir.

¿Qué sensaciones le genera ver a los representantes y defensores del libre mercado ponderando el rol del Estado?

– A mí me produce mucho rechazo el oportunismo. Estamos tan infectados de oportunismo como de coronavirus. Donde uno corre una cortina hay cuarenta tipos esperando para treparse al tren de la situación. Es verdad que hoy estamos llenos de gurúes, de conferencistas y peroratas que pretenden ofrecer cada cual caminos, salidas y respuestas a cosas que en general ignoran. Pero esto es parte de la dinámica de la hipocresía del capitalismo. No recuerdo cosa más hipócrita que ver a tipos como Macri o Donald Trump abogar por la asistencia médica a los pueblos. No nos olvidemos que los grandes poderes concentrados son los que les escriben el guion, y hoy por hoy es imperativo de ese establishment anestesiar a las masas. Ese es el oficio del reformismo, de los sectores de la vida política que viven para frenar los procesos transformadores. Además ahora mismo también tienen una gran crisis de discurso, porque no saben que inventar para justificar que el Estado tiene que intervenir. En esa emboscada ideológica hay un trabajo que se debe hacer y no se está haciendo.

Y esa trampa discursiva posibilita la llegada al gobierno de personajes como Bolsonaro, Trump o el propio Mauricio Macri…

– Trabajadores comunes, de a pie, como la clase trabajadora norteamericana o brasileña, de pronto ven a alguien que pega un grito y quiere poner orden en una situación caótica, y escuchan eso, porque la verdad es que hay un apetito enorme de frenar esta pachanga obscena que es el capitalismo. Pero el problema es que aparecen estos que son globos de ensayo para producir emboscadas como la que está padeciendo Brasil, Estados Unidos y todos los pueblos de Europa con la dictadura financiera.

¿De qué manera está analizando el nuevo mapa político en su país?  

– La conducta que se ha seguido respecto al manejo financiero de la crisis es un aspecto crucial, porque hay un sector de la oligarquía, de la burguesía mexicana, que está acostumbrado históricamente a manejar a su antojo todos los fondos del Estado. Resulta que ahora se encontró con un presidente que está luchando contra la corrupción declaradamente, y que les ha cerrado la llave a todos. Ahí hay una desesperación grande de estos sectores, porque siempre aprovecharon las crisis para hacer negocios. Entre otras muchas cosas, lo que está pasando con la pandemia es que hay un sector que se está enriqueciendo como nunca. Y esos sectores hoy, cuando se encuentran con líderes como López Obrador, que ha tenida una dirección económica distinta, les duele muchísimo. Por otro lado hay un pueblo que esta movilizado, disputando en muchos frentes ese campo de sentido.

¿Le parece que el vínculo México-Argentina puede ser el que promueva un nuevo rumbo para el continente a la salida de la pandemia?

– Yo creo que mucho antes. Se van a empezar a abrir en las siguientes etapas del desarrollo de la pandemia necesidades regionales concretas, porque, por ejemplo, ayer Naciones Unidas advirtió sobre un problema de crisis alimentaria a nivel global. Qué mejor que tener un acuerdo regional que pudiera, entre dos potencias como México y Argentina, desarrollar un convenio para intercambiar productos, desarrollar un eje energético, hay una agenda muy rica que en términos de la situación actual podría abrir cauces muy interesantes. Esto metería al congelador de la historia al Grupo de Lima, que quedaría incapacitado para prevalecer por su propia razón de ser pero además por sus crisis internas. Es un momento particularmente interesante para profundizar la opción que se abrió con el encuentro Fernández-López Obrador y la propia dinámica de la crisis nos va a llevar a acelerar intercambios, yo soy de los más optimistas en eso, porque veo la posibilidad de sumar a esto a Cuba, a Venezuela, a las voluntades que alcancen a  vislumbrar una alianza de cara a cómo se va a salir de la pandemia. México está proponiendo que tiene que ser con la creación de empleos, poniendo recursos en los bolsillos de los trabajadores, para que eso reactive la tarea productiva.

¿Cree que el poder de los medios es tan grande como para torcer los rumbos democráticos?

– En México tenemos a Televisa, que opera como un acreedor permanente de México, invierten en la bolsa, invierten en endeudar al país y luego son cobradores al mismo tiempo que operadores políticos, y es el mismo esquema que tiene el Grupo Clarín aquí.

A nivel de cabotaje tienen sus operaciones en cada zona, pero luego tienen acuerdos internacionales, entre Globo de Brasil, El Mercurio de Chile, El Tiempo de Colombia, se junta una alianza de medios que ha operado como un Plan Cóndor mediático. Estas consonancias entre las tres grandes industrias, la militar, financiera y mediática, en cada uno de nuestros países producen golpes muy fuertes, y la sobrevivencia a esas ofensivas la han logrado solamente movimientos que tienen raíz popular muy fuerte. Otros países no lo han podido resistir.

Hay una  estrategia de fake news que operan con firma local y otras que operan a nivel trasnacional. Luego existe el lawfere que opera con agendas propias como la que hay aquí contra Cristina Fernández, pero también tiene agendas regionales como la que existe hoy contra China. El plan que hay en Argentina para demonizar a los médicos cubanos tiene  una raíz muy propia de un tinte gorila de cabotaje, pero también hay una estrategia continental de desprestigio contra Cuba.

Esta red compleja es una de nuestras más grandes debilidades políticas de los años recientes en la región, porque no hemos sido capaces de crear una fuerza que la contrarreste. He tenido posibilidad de hablar esto personalmente con presidentes como Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, planteando que cuando se dio la muerte del ALCA, aquí en Argentina, había una posibilidad de crear una cumbre de presidentes en materia de comunicación, cosa que no se hizo, pero después hubo oportunidades en la CELAC, en el ALBA, un montón de posibilidades a nivel regional para plantearse la debilidad comunicacional, para plantearse nuevos modelos estratégicos que cumplieran el viejo sueño de Seán MacBride, en El Informe MacBride, “Un solo mundo, voces múltiples”. Eso está en nuestra agenda como un pendiente enorme y creo que vamos con pasos muy lentos en esa dirección.

Esos gobiernos de corte popular, ¿subestimaron el tema, o les faltó fuerza para enfrentar al poder de las empresas de medios y sus alianzas?  

– Creo que las dos cosas, creo que no se entiende que el problema de la comunicación no es un problema de herramientas solamente, es un problema estratégico de seguridad regional. No ha habido la valoración correcta, en la práctica vemos que los pueblos no tienen igualdad de condiciones en la distribución des herramientas de comunicación, no ha habido una inversión fuerte para abastecer a los movimientos que pueden multiplicar los medios, las leyes que se han construido no se han cumplido. Y el otro dilema es la dependencia tecnológica, no fabricamos ni un solo tornillo de lo que usamos. Los gobiernos no han sido capaces ni siquiera de entrarle a fondo al tema en los programas de formación universitaria, donde siguen reinando a sus anchas los modelos funcionalistas o estructuralistas al mejor uso de la comunicación como mercancía, eso sigue estando impune, como si fuera parte del paisaje.

 

Entrevista: Leo Vázquez

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