Redacción Canal Abierto | La fragilidad social que atraviesa Argentina, con una creciente pauperización a causa de las políticas neoliberales de los últimos años, recae con mayor crudeza en las condiciones de vida de las infancias y juventudes. A través de un informe, el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas sugiere un abordaje urgente porque las condiciones deficitarias que atraviesan, sumadas a la crisis socioeconómica que trajo consigo la pandemia, “condicionarán fuertemente sus trayectorias futuras”.

Esto conduce a reproducir una Argentina desigual que condena a gran parte de su población a atravesar múltiples privaciones mientras alimenta la acumulación de inmensas fortunas en pocas manos”, reza el texto elaborado por Claudio Lozano, Agustina Haimovich y Ana Rameri.

Al primer trimestre de 2020, la pobreza alcanzaba a más de la mitad de los menores de 18 años y ascendía al 43% para las y los jóvenes de 18 a 24 años. Para el IPyPP, el impacto de la pandemia agudizará el cuadro social de forma tal que UNICEF proyecta que la pobreza infantil llegará al 62,9% en el segundo semestre del año.

Por supuesto, la pobreza en la infancia no puede ser analizada sin tener en cuenta la situación laboral en la que se encuentran las familias. En este sentido, la información recabada por el IPyPP indica que, previo a la pandemia, del total de mayores de 18 años que habitan en hogares con niños, niñas y adolescentes (NNyA), más de la mitad se encontraba en una situación de precariedad laboral asociada con bajos o nulos ingresos, ya sea porque tienen una ocupación informal, porque no consiguen empleo o porque deben dedicar su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

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Cuando a esto se agregan las privaciones de carácter estructural con las que conviven gran parte de estas infancias y adolescencias, la pauperización se intensifica. Viviendas precarias, hacinamiento, o la falta de saneamiento adecuado conforman condiciones que vulneran la salud y la vida de estos niños, niñas y jóvenes.

La irrupción del coronavirus echó luz sobre otra gran imposibilidad material de estas familias: una profunda brecha digital expresada en el hecho de que el 41,3% de NNyA en edad escolar y el 34,6% de jóvenes no dispone de una computadora en su hogar. “Esto no sólo dificulta la posibilidad de que vean garantizada una continuidad pedagógica en este contexto extraordinario, sino que acrecienta las desigualdades estructurales en una era donde el avance tecnológico exige cada vez mayores calificaciones para poder acceder a empleos de calidad en el futuro”, resaltan los autores del informe.

A su vez, sostienen que es de esperar que la deserción escolar se agudice, ya que previo a la pandemia los niveles alcanzaban el 8% para adolescentes de 15 a 17. Esto se asocia principalmente a que el trabajo adolescente ascendía a 31,9% a nivel nacional, producto de las privaciones con las que viven.

Asimismo, los ingresos que perciben las y los jóvenes ocupados rondan los $16.000, un 40% menos que el total de ocupados, y no hay políticas suficientes que contemplen esto. Con la llegada de la pandemia, esto resulta aún más preocupante por el shock que implica el freno económico en los ingresos de estas familias. “En ese marco, insistimos en la necesidad de avanzar hacia una renta básica universal de emergencia que contemple la efectiva universalización de las asignaciones familiares e incremente su monto, a la vez que se implemente un salario universal de emergencia equivalente al salario mínimo, de forma tal que ningún hogar en Argentina quede por debajo de la línea de pobreza”, finalizaron desde el IPyPP.

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