Por Federico Chechele | Si en algo los argentinos podemos jactarnos ante el mundo es en la política de Derechos Humanos, pero si alguien está en desacuerdo con esta afirmación la damos vuelta: si hay algo que el mundo nos ha reconocido es la lucha por los Derechos Humanos.

Un breve repaso nos lleva a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), al informe del Nunca Más, al Juicio a la Junta Militar; si bien retrocedimos con los indultos años después fueron anulados; los juicios por la Verdad hasta llegar a los Juicios de Lesa Humanidad, y muchos etcéteras.

Desde el retorno a la democracia, los diferentes gobiernos aportaron -apuntalados por la lucha de los organismos y la masividad en la calle- para que aquella dictadura cívica-militar no quede impune en sus múltiples violaciones a los derechos humanos y sean juzgados los responsables.

El pueblo argentino refresca todos los 24 de Marzo que la pelea por Memoria, Verdad y Justicia sigue tan latente como la primera vez y ante algún hecho de coyuntura como lo fue la ley denominada 2×1 para bajar condenas de represores, una movilización multitudinaria enterró esa retrógrada idea macrista.

Lo que no vimos venir, o por lo menos no estábamos preparados a ver y escuchar, era la reaccionaria respuesta, por minúscula que sea, de un sector de la sociedad que en medio de la pandemia sale a la calle con consignas de apoyo al genocidio: Libertad a los presos políticos militares; Es fácil ser zurdo en un país libre lo difícil es ser libre en un país comunista; Basta de persecuciones, amenazas y desapariciones, estamos en democracia; Sr. Presidente usted también tiene acceso al botón rojo, no lo olvide..

Hasta ahora convivíamos con cacerolazos aislados y declaraciones fuera de época cada vez que una cámara se acercaba. La pandemia trajo la irritación de este sector que, desencajado, escribe consignas cargadas de violencia, marchan a la Quinta de Olivos pidiendo la cabeza presidencial y apoya a la policía que, con la pistola en la cintura, reclamaron aumento de salarios. Se hacen llamar republicanos, flamean banderas argentinas y, lo peor, se denominan “gente de bien”; un combo explosivo.

Pero en lo cotidiano, y esto sí no lo vimos venir, fue la explosión en las redes sociales de opiniones que nunca pensábamos que podían llegar a reproducirse públicamente. Todos tenemos en la familia, en el trabajo o en grupos de amigos personas que, acéfalos de lecturas y debates, minimizan el terrorismo de Estado perpetrado por la última dictadura. Pero apenas sobrepasan los límites bajo la impunidad de las redes.

En el día de ayer, Patricia De Ferrari, Legisladora de Córdoba del Bloque Juntos por el Cambio, vicepresidenta del Comité Provincia UCR y Politóloga (?), publicó este tuit: Falta mucho para que aparezcan los falcon verdes para “impartir” la justicia a la medida ideológica de Grabois y compañía?

No conforme, cuando uno de sus seguidores le advirtió que su comentario había sido desafortunado, la diputada retrucó: “Puede ser. No mucho más desafortunado de lo que nos pasa a los argentinos que vemos desaparecer el Estado de Derecho y las reglas que parecían ya parte de la cultura democrática aceptada por todos”.

Finalmente, como la reacción fue inmediata tuvo que borrarlo e intentó disculpas explicando lo siguiente: Con motivo de un último tweet de una serie que publiqué, y borré al ver que era mal interpretado, quiero dejar en claro que el sentido no fue el que le atribuyen. Siempre he repudiado la dictadura, y las violaciones a los DDHH. No fue clara la redacción y pido disculpas x ello. Una defensa tibia que intenta invertir la culpa aduciendo una mala interpretación.

Más allá de esta persona que fue elegida por el voto popular y que expone los valores actuales del radicalismo, es una voz más que se suma al flagelo de lo inadmisible, entender que la historia puede ser explicada por gustos partidarios o interpretaciones vacías de contenido: El terrorismo de Estado tiene una sola lectura en todo el mundo.

Hoy la gente tiene menos que antes, los comercios bajan sus persianas, cada vez hay más pobres y más hambre; una situación económica y social alarmante, pero nada debe correr el eje de la defensa de las instituciones, principalmente de la democracia.

 

 

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