Canal Abierto Radio |  El presidente de Haití, Jovenel Moïse, fue asesinado el miércoles en su residencia, por un comando armado, y su esposa Martine Marie Etienne Joseph, resultó herida durante el ataque. En las últimas horas la Policía Nacional abatió a cuatro sospechosos y detuvo a otros dos.

Al respecto, la filósofa y analista internacional Isabel Rauber subrayó que “el país está sumido en la pobreza y en la violencia hace décadas, entre las manifestaciones populares y las oligarquías que pedían la renuncia de Moïse, y los grupos delictivos que buscan controlar los territorios”.

“¿Cómo es posible que entren impunemente a la casa del Presidente y lo asesinen en la cama? ¿Cómo es que la guardia no hizo nada? No entraron tiroteando y matando a todo el mundo, sino que algo pasó ahí”, señaló Rauber.

Haití es el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo, con un 60% de la población bajo la línea de pobreza. “Aquí hablaríamos de una población sumida en la miseria más absoluta y total, se sobrevive con menos de $2 diarios. No existe el concepto de agua potable, ni luz eléctrica, ni gas, ni transporte público, sacando algún tipo de transporte en algunas zonas, y hay que pagarlo”, explicó la analista.

El país todavía no se recupera del terremoto del 2010 que derribó cerca del 70% de las edificaciones públicas, además de los miles de muertos. Esa crisis sensibilizó al mundo, pero las ayudas no funcionaron como se esperaba, sino que incrementaron la corrupción y dilapidaron a las economías regionales. 

“La presencia del famoso Cuerpo de Paz (una agencia federal independiente de los Estados Unidos) en realidad lo que trajo fue la peste de cólera, las violaciones de las jóvenes, hambruna y violación de la soberanía. Todo eso se instala en la población porque no se resuelven los problemas fundamentales”, agregó Rauber.

También existen grupos delictivos que se disputan el control del territorios, “pero no se puede decir que sea por la droga, sino por la explotación de los habitantes para disputas de poder”. Cuando una región cae bajo estas bandas, “ya saben no pueden ni siquiera en cruzarse de barrio”, explicó la filósofa.

A su vez, dijo: “Hay que sumarle la gran corrupción que se viene viviendo en Haití hace muchos años, con funcionarios del gobierno anterior e incluso el ex presidente Michel Martelly, acusados por robarse los fondos de ayuda internacional y Petrocaribe. Hay que remarcar la importancia de un Estado presente que articule esas ayudas, porque pueden destruir las economías regionales, o pueden desviarse si no hay capacidad de control”. 

En el caso de la ayuda de alimentos que llega proveniente de Estados Unidos, por ejemplo, es una ayuda que destruyó toda la producción, por muy pobre y elemental que sea tecnológicamente, era una forma de sobrevivencia de todo el sector campesino en un país profundamente campesino. “No se puede competir con la producción local, quedan las ruinas”, sostuvo.

“Por otro lado, hay una oligarquía descontenta, que contaba el mandato de Jovenel Moïse desde las elecciones y no desde la asunción, por lo que pedían que se retire del cargo desde febrero de este año y se conjugaba con las luchas populares que pedían la renuncia”, finalizó Rauber.

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