Por Carlos Saglul | Uno de los grandes ganadores del macrismo fue el sistema financiero: solo en 2019 los bancos embolsaron 430 mil millones gracias a las Leliqs. Entre 2016 y junio del año pasado ganaron 424.534 millones contra los 197 mil millones que habían obtenido entre 2013 y 2015.

Las tasas de interés que pagaron las Leliqs, las letras con las que el Banco Central reemplazó el stock de Lebac, fue negocio exclusivo de los bancos a costa de los fondos públicos, el dinero de todos. No asombra que los banqueros pusieran cara de asco cuando le hablaron de créditos al 24% de interés para ayudar a pagar los sueldos de las pequeñas empresas durante la pandemia. Ahora el gobierno optó por “permitirles aumentar su tenencia de Leliqs, solo a los bancos que presten más del 70% del dinero que les fue liberado en concepto de baja de encajes”.

Esta “escasa colaboración”, junto a la amenaza de despido de 1450 trabajadores por parte de Techint, abre en el horizonte la “contraofensiva” de los grupos económicos. ¿Existió una ofensiva oficial que siquiera tocara sus intereses? El presidente apenas los exhortó a ser “solidarios” y “ganar un poco menos esta vez”.

La economía no cierra por duelo

Quienes vivieron con Mauricio Macri una verdadera fiesta que por generaciones pagará el país no ven con buenos ojos la cuarentena. De hecho, creen que va siendo necesario “marcarle la cancha al presidente”. No entienden: “¿por qué no puede pagar el costo de unas cuantas muertes, como hace Donald Trump o Jair Bolsonaro?”. En Estados Unidos estiman que no serán menos de 200 mil los muertos. En el caso de Brasil, de no avanzar con una cuarentena sería, se especulan otros tanto miles. “La economía no puede detenerse, no cierra por duelo”, dicen.

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Durante la medieval peste negra los médicos europeos se ponían máscaras que los asemejaban a pájaros terroríficos. En el pico de la epidemia se colocaban plantas aromáticas para soportar los olores y cristales en los ojos para cuidar la visión. Hay mucha literatura sobre máscaras de la peste que -tarde o temprano- siempre se cae. Aquí se ha caído y quien está detrás no es el coronavirus, sino empresarios millonarios y banqueros a los que el presidente acusó de “conductas perversas”.

Los que sobran

El 1% de la humanidad acapara ya el 82% de la riqueza. No hay lugar para todos. Más de la mitad del planeta sobra. Para ellos se crean las zonas muertas donde el Imperio obtiene recursos naturales. Pero los estados casi han desaparecido: Irak, Afganistán, Libia y Siria. Se intenta lo mismo con Venezuela.

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“Entre la economía y la vida, me quedo con la vida”, dijo el presidente. Luego se sintió obligado a aclarar que esto no significa dejar de lado la economía. Sin embargo, no convenció a algunos multimillonarios para los cuales la vida es solo sinónimo de lucro.

La pulseada está en marcha

Desde que los Rocca llegaron al país provenientes de Italia, donde administraban las industrias de Benito Mussolini, se han enriquecido a costa del Estado. La frutilla de la torta fue la estatal Somisa que Carlos Menem les entregó por monedas. De entrada, más 8.000 obreros fueron cesanteados. Para el capital, la vida de los trabajadores es solo “recurso humano” que -hoy por hoy- sobra.

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