Canal Abierto Radio | Ante el fuerte incremento en la demanda de insumos sanitarios a raíz de la pandemia, las cooperativas textiles nucleadas en el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE- UTEP) se vieron obligadas a reorientar sus esfuerzos a la fabricación de barbijos y camisolines, entre otros productos.

Pero no son justamente los costureros quienes se estarían beneficiando con la lamentable -aunque lucrativa- oportunidad abierta con la llegada del Covid-19. El precio de confección de un barbijo como los que fabrican las cooperativas varía de $0,90 a $8, y la unidad se vende a $100 al por menor.

Según detalló el MTE, mientras que los cooperativistas -además de la mano de obra, aportan la maquinaria- obtienen en promedio $6 por barbijo, unos pocos intermediarios se llevan entre $18 y $24 por cada producto.

“El trabajo es nuestro, pero las ganancias son ajenas”, aseguró a Canal Abierto el trabajador textil y referente de la cooperativa “Sol Para Todos”, Primo Choque. “Sin mencionar el riesgo al que nos exponemos los costureros y costureras ante la circulación de materiales y personas”.

Esta situación de desigualdad dentro del sector textil, donde unos pocos ganan mucho, a costa del trabajo en malas condiciones de miles de costureros y costureras, no es una novedad. “Tenemos todos los papeles en orden, la capacidad para producir y mano de obra calificada. De hecho, desde hace tiempo invitamos a Rodríguez Larreta para que visite y conozca los polos textiles y nuestro trabajo, pero no tuvimos respuesta”, contó Choque.

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El reclamo de las cooperativas para que se eliminen los intermediarios en las adjudicaciones para la fabricación de barbijos surge a pocas semanas del escándalo por la compra de 15.000 barbijos «de alta eficiencia» de la marca 3M por un total de $45 millones ($3.000 cada uno, cuando el precio de mercado era menor a los $1.000). Por entonces, la adquisición salió por contratación directa a Green Salud, que preside el abogado Ignacio Sáenz Valiente. La empresa -señala la oposición- posee menos de un año de trayectoria en el mercado en lo que respecta a la provisión de insumos para la salud.

En línea con lo anterios, el director del Banco Nación Claudio Lozano, y los sindicalistas Pablo Spataro y Rodolfo Arrechea, de CTA Autónoma y ATE, con los referentes del Observatorio del Derecho a la Ciudad, Jonatan Baldiviezo y Alejandro Volkind, y la economista María Eva Koutsovitis, analizaron también las compras de urgencia realizadas por la Ciudad en medio de la pandemia y calcularon que se realizaron compras con $ 200 millones en sobreprecios.

Los reclamos

Si algo quedó claro en los últimos años es que fueron las organizaciones sociales y de la economía popular quienes lograron contener la crítica situación de grandes sectores de la población. Lo hicieron a partir del impulso de cooperativas u otras actividades para emparchar necesidades más urgentes, como los comedores comunitarios.

Ahora, en medio de una profundización de la crisis producto de la pandemia, estos espacios vuelven a ejercer un rol de apoyo, contención y promoción de derechos laborales. Es por eso que desde el sector textil del MTE plantean una serie de exigencias, como son las compras directas del Estado del 100% de la producción de las cooperativas, sin empresas intermediarias; acciones de control y asistencia del Estado para garantizar insumos; control público del abastecimiento de insumos estratégicos para la elaboración de indumentaria para el Servicio de Salud; o programas de crédito para la compra de insumos y capital de trabajo.

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A su vez, los cooperativistas reclaman la certificación de los productos elaborados en cooperativas que reconozcan el pago de un precio justo para costureros y costureras, e incluso el asesoramiento técnico y mejoras en los Polos Textiles para mejorar la producción de insumos sanitarios. Y por último, el apoyo estatal para inversión en maquinaria automática que mejor el trabajo y la producción.

“Queremos hacer nuestro aporte, pero necesitamos del apoyo estatal”, reclamó Choque. 

“Fondo de Estímulo Productivo”

Hace tan sólo unas semanas, la legisladora del Frente de Todos Victoria Montenegro presentó un proyecto para crear el “Fondo de Estímulo Productivo”. La iniciativa apunta a estimular la reactivación productiva de las cooperativas, y al mismo tiempo evitar el desabastecimiento de barbijos y mascarillas de tela.

Según el proyecto, el subsidio servirá para solventar costos de materia prima, materiales, gastos corrientes, logísticos y la distribución de ganancia de los socios, en cooperativas con capacidad técnica para hacer barbijos y tapabocas de tela.

“Es indispensable estimular e inyectar trabajo en las cooperativas. Se trata de poner en valor esa fuerza de trabajo y que tanto las cooperativas como el Estado se vean beneficiados por eso”, señaló la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura.

Economía popular y solidaria

La Federación de Cooperativas de Costureros y Costureras está integrada por más de mil trabajadores y trabajadoras organizados en polos textiles en todo el país.

“Antes trabajábamos con nuestras máquinas en nuestros domicilios, sin la posibilidad de acceder a habilitaciones por el costo que implicaba cumplir con los requisitos. Era muy común que ocurran accidentes. En 2015 hubo un incendio en un taller domiciliario en el barrio Flores en el que fallecieron 3 niños. En ese momento la respuesta del gobierno de la Ciudad fue la de perseguirnos y sacarnos coimas para no quitarnos la mercadería”, relató el referente de la cooperativa “Sol Para Todos”, donde trabajan cerca de medio centenar personas.

 “En ese momento, y con la ayuda de los compañeros de CTEP (hoy UTEP), nos empezamos a organizar para conseguir condiciones de trabajo dignas. Por ejemplo, las instalaciones eléctricas adecuadas para así evitar tragedias como la de Flores. Ahora también tenemos obra social, límites en la jornadas laboral, algunas guarderías para los hijos de los compañeros y compañeras”.

Hoy en la Ciudad son 12 los polos textiles en funcionamiento, mientras que en la provincia de Buenos Aires suman 14 y en el resto del país otro tanto.  

El 17 de marzo, pocas horas antes de oficializada la cuarentena y mientras el gran empresariado retaceaba productos con fines especulativos, Canal Abierto rescató la historia de la cooperativa “Ibira Pita” de Corrientes, también nucleada en el MTE. Allí, cerca de 300 trabajadores -en su gran mayoría mujeres- se pusieron manos a la obra para fabricar y donar barbijos al hospital de niños de la provincia.

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